jueves, 23 de junio de 2016

Patricia


De él aprendí a saborear mi nombre

Me recorría con su lengua al pronunciar cada letra
Me hacía suya al nombrarme con voz grave, dulce, perfecta

De él aprendí a vestirme con ocho letras.


Imagen de: Louis Treserras, 1958.

jueves, 16 de junio de 2016

Tu nombre.


Cualquier pretexto es bueno para escribir tu nombre…

Sobre todo cuando mi pensamiento divaga sin poder concretar nada que pueda llevarme por el camino hacia la certidumbre. Es entonces, cuando escribir tu nombre se convierte en la única certeza.

Te escribo para que sepas que transito por un túnel largo y solitario.
Llevo tanto tiempo en su interior que se ha vuelto mi parte más áspera. Sólo y con mucha frecuencia, merodean  recuerdos no gratos que me atormentan y  le dan a mi cabeza esa inefable  pesadez. Una especie de inicuo aturdimiento que me aleja de todo y todos. Cuando eso sucede, tengo la sensación de que estoy a nada de ser abandonada por la cordura. Es entonces cuando de nuevo mi única luz emana de las letras, de ocho letras: tu nombre…

Ahora, los perros ladran con tanta insistencia que me desquician. Están en el patio, del otro lado de la ventana y, sin embargo, parece que están junto a la cama donde reposo mi cuerpo y mis pensamientos en esta carta.
Me cuesta retomar las ideas, las palabras que tenía para contarte. Por fin cesaron de   ladrar,  el transeúnte siguió su camino.

<<Escribo en mi mente las letras de tu nombre, no importa cual, todas me llevan a él.>>

Pero déjame que te siga contando.

Hay días en que siento como si fuese caminando sobre una cuerda floja. Tambaleándome por la vida con los puños apretados hasta herirme con las uñas la piel. El corazón palpita como si paradógicamente fuesen sus últimos latidos. Lanzando un  eco ensordecedor sin resonancia.

En otros, parece que cayera en cámara lenta en un abismo infinito. En esos instantes mis manos tratan de asirse a algo que no identifican, pero qué más da si de todas maneras no pueden lograrlo. Los dedos resbalan y yo sigo cual pluma en el aire… cayendo.

Cómo pesa este presente pasado que se me dificulta cada vez más soportar.

Son o han sido tantos rostros y voces que con ellos formo un collage mudo y amorfo. Sin nada y con todo.

La mórbida ecuación de mi vida me ofrece como resultado un lúgubre futuro.

<<Nunca el alfabeto cobró tanta importancia, porque con él puedo formar una sola palabra, tu nombre…>>

Soy tan poco de lo que aparento.

Quiero dividir  ésta pesada carga contigo. Tú aceptaste, ¿acaso ya lo olvidaste? 

No encuentro nada que me ayude a  avivar las cenizas de mi  ánimo. Hasta parece mentira que no hace mucho estuviera haciendo planes. La incertidumbre de manera imperceptible ha caído sobre mí cual velo de novia e impide que perciba la realidad de manera clara y transparente. Y si (te) escribo es porque mis manos solo responden a un impulso primario. El cerebro y el corazón nada tienen que ver en esto.
¿Cómo podría ser eso? Si nunca se han puesto de acuerdo. Viven cada uno por su lado virando en direcciones opuestas. Hablando mal uno del otro.  No hay consenso que los haga ponerse de acuerdo. Mientras, acá afuera vivo en una ficción perpetua.

<<Siguen las letras saltando en desorden,  de cualquier forma me llevan siempre a tu nombre…>>

¿Dónde está la esperanza?, ¿cómo pude permitir que me la arrebatara el tiempo? ¿Cómo le permití a la amargura tanta confianza? Ahora se ha posesionado de mi ser interno, pretendiendo cobrar de piso el derecho. Y Sin bastarle eso, ha invitado a su íntima amiga la tristeza a vivir conmigo –y por supuesto, con ella-.
¿Cómo hago para expulsarlas si están tan arraigadas? Sin que en el intento termine desmembrada.

Soy prisionera en un cuerpo que grita y llora entre barrotes hechos de ansiedad. Bajo un oxidado candado cuya llave he perdido.

Soy como una niña que agazapada en un oscuro, solitario y frío rincón de la vieja casa,  espera el contacto de los brazos que le brinden consuelo. De una voz cuyas palabras no sean gritos. Niña que no desea volver a sentirse acorralada en la penumbra bajo  inquietantes y lascivas miradas.

Mujer (auto) crucificada  que pide desesperada que la ayuden a quitarse los clavos de hastío  y melancolía, para así poder descender de la inmensa cruz que la mantiene en agonía. Harta de auto flagelarse. Sin embargo y a pesar de sus lacónicos sollozos, parece que todos se han vuelto ciegos y quedado sordos, mientras ella se desangra.

Ya no me queda voz.  

Me quedan en cambio letras que ahora dirijo a ti y que además uso como pretexto para escribir  con ocho letras, tu nombre…

En ésta tibia y apacible tarde de junio. En el íntimo espacio de mi cama.




lunes, 6 de junio de 2016

Cicatrices.


Todos llevamos por lo menos una en nuestro cuerpo.
De formas y tamaños diversos y complejos.
Hay algunas tan grandes que es imposible ocultar.
Otras aunque invisibles no se pueden ignorar.
Cada una es un símbolo,  una herida…
con memoria
tras ella

seres que soy extraídos de las entrañas a los nueves meses
órganos que no se conservaron indemnes
llanto sin lágrimas entre risas
gritos sin voz mientras se platica
golpes contra la estoica pared blanca
caídas de una bicicleta vieja
raspones en patines de cuatro llantas
amores perdidos; encontrados y vueltos a perder
temor por las matemáticas en la secundaria
amistades de juventud lejana que se extrañan
un padre muerto a destiempo
una hija perdida en el útero enfermo
un perro envenenado por un vecino necio
un libro perdido por haberlo confiado a un extraño
un caminante que no volvió, lo contrario a lo que dice la canción
las canciones de cuna que quedaron pendientes y que navegan en la memoria, vigentes
una tumba construida de arena que el viento se lleva y renueva
espejismo de una madre que evoca una juventud tortuosa
la ilusión de una familia utópica
el amor de la mujer o el hombre que es imposible ser.

Todas en determinado momento se inflaman. 
Duelen.
Vuelven a sangrar.


Se abren para intactas volverse a cerrar.



Imagen de: María Luisa Pemán




jueves, 2 de junio de 2016

Egoísmo.

 

Yo

 

fiel amante

en un parque

silencio perpetuo

ansiedad incontenida

impaciencia cotidiana

cólera inicua

perenne confusión

irrevocable tristeza

caricias reprimidas

quieta desesperanza

silente desesperación

grito agónico

reflejo en el espejo

pies enfermos

cuerpo vibrante

vértigo interior

explosiva catarsis

mujer libélula

extraña subversión

precaria sublimación

solitaria en compañía

sueño recidivante

felicidad saboteada

cicatriz sangrante

enojo ancestral.

mil veces yo


 

 


Imagen: es.aliexpress.com


lunes, 30 de mayo de 2016

Felicidad.



(mi) Felicidad es…

Un vaso de agua fría en la canícula de tu cuerpo sediento.

Un libro en las horas de espera imaginando que entras por mi puerta para hojearnos, leernos  (mutuamente) y disfrutarnos.

Correr kilómetros y kilómetros sobre la arena de la playa sabiendo que me piensas, escuchando la canción que me dedicaste la fría noche de diciembre en aquella fiesta.

Un mensaje tuyo a deshoras de la madrugada escrito con la viscosa e indeleble tinta transparente de tu cuerpo.

El silencio en la cima de la montaña después de desahogar en un grito todas mis ansias.

Una cerveza contigo en la barra de mi bar favorito rozándonos la piel con la mirada, deseando –nos- hasta el último trago.

Una pluma fuente tinta negra con la que escribirte una carta,  entregártela en persona y leerla en voz alta.

El tatuaje que tus labios dejan en mi pecho, muslos, cuello y vientre. En pocas palabras en todo mi ser inerte.

Las tardes que pasamos juntos en el sillón de tu casa hablando sin palabras mientras el resto de la gente dormita insospechada.

Nadar desnuda en las aguas frías de un mar agitado.(Mientras) tú, sonriente observando.

Hacer el amor sobre las dunas casi desiertas con el sol como sábana cubriendo nuestros cuerpos lúbricos. A lo lejos escuchar el murmullo del motor de una lancha.

El café negro sin endulzar -amargo- en la cama. Mientras me lees la poesía de Alí Chumacero y  en el ambiente tiritan las notas azules de Louis Amstrong.

Un domingo al ser despertada por tus torpes dedos que tocan mis labios secos y que al ir avanzando se humedecen dispuestos.

Encontrarnos bajo el agua tibia de la regadera en el estrecho sendero que me habitas.

Los rastros de tus besos en mis labios –ahora resecos y agrietados- prueba fehaciente de tu boca  en mí.

Escuchar la canción que fue y sigue siendo nuestra en la respectiva soledad de las noches en vela.

Es saberte, pensarte, desearte a pesar de lo inexorable del tiempo. La infranqueable distancia. Lo inasequible de este sentimiento.

(mi) Felicidad son cruentos y efímeros momentos. Irrepetibles también.

(mi) Felicidad al fin y al cabo.


Pintura: Leonid Afremov Cozumel.




jueves, 19 de mayo de 2016

Entre madera y cuchillos me leo.


Debo confesar que al inicio estuve renuente a leer este libro. Escéptica, vaya. Tal vez porque tenía la idea –como muchos, seguramente- que un libro que cuenta la historia de un país, ciudad o pueblo, es en automático un tema aburrido. Sólo para intelectuales, viejos eruditos y ratones de biblioteca. Tantas ideas equivocadas que nos forman o formamos al respecto.

Pero bueno, me animé y lo tomé –con cautela-, abrí e inicié su lectura. Lectura que me fue difícil detener.

Qué maravilla de libro. Qué sencillez en cada una de sus páginas.

Me imaginé al autor, una tarde calurosa de julio o agosto, sentado en una poltrona bajo una ramada, con una taza de café negro -de talega-, una pieza de pan del Boleo y muchos niños y jóvenes a su alrededor sentados en el piso, en bancas desvencijadas o recostados unos sobre otros, boquiabiertos, escuchándolo.

Ojalá no sólo lo imaginara.

Ojos de madera cuchillos de palo (así sin coma, como dijo el profesor Bobby que era el título original): es la narración que nos hace su autor, acerca de los hechos que se sucedieron después de que José Rosas Villavicencio descubriera lo que por fortuna o desgracia, serían de los más grandes yacimientos de cobre en el mundo y que dieron pie al surgimiento de Santa Rosalía.

Con una excelente prosa, Bobby García nos relata decenas de anécdotas que nutren la historia de nuestro querido pueblo. A través de  ellas, podemos hacer -los que no vivimos esa época-, el maravilloso ejercicio de la imaginación y transportarnos al Tiro Williams, a la Santa Águeda de antaño, o a los túneles donde solo los valientes –y necesitados- moradores de ese entonces, arriesgaron sus vidas para enriquecer a otros.

Con un maravilloso manejo de las metáforas, de las analogías, pero sobre todo con un lenguaje simple y sencillo, el autor nos  deleita con su narrativa a la vez que nos permite conocer la vida de hombres y mujeres aguerridos que dejaron huella de sus pasos por nuestra comunidad.

Ojos de madera cuchillos de vidrio, es otra magnífica obra literaria sudcaliforniana. Quizás la primera -que leo- que hace uso y juega con el realismo-mágico de tan extraordinaria manera.

Todos –creo yo-, no solo viejos y adultos, también jóvenes y niños, debemos –sí, en su modo imperativo- leer este libro si queremos conocer parte importante de nuestra historia. Ojos de madera cuchillos de vidrio, guarda en gran medida lo que nos da (o debe darnos) el “sentido de pertenencia” y de arraigo que tanto falta, para defender, cuidar y proteger lo que nos han legado. Y con esto no me refiero a cuidarlo tan solo de los extranjeros –como en aquellos tiempos-, también de los locales. Por ejemplo de sus malos gobernantes y de todas aquellas personas que, con sus malos comentarios y su apatía, en lugar de construir, destruyen la riqueza tangible e intangible de nuestro querido PUEBLO, así, con mayúsculas.

Nadie puede amar lo que no conoce, eso es irrefutable.

En este libro vibra el corazón y corre la sangre de un pueblo minero, un pueblo que no quiso morir y que por ninguna razón, debe hacerlo...

Datos del autor :

Jesús "Bobby" García Manríquez.

Nació en el extinto Grupo Minero de San Luciano, a quince kilómetros de Santa Rosalía, BCS. Es Maestro de Ciencias Sociales por la Normal Superior de Nayarit. Obtuvo los premios Territorial de Oratoria, Juegos Florales de Todos Santos, Premio Estatal de Periodismo y Premio Municipal de Poesía y Cuento en Mulegé. Ha escrito otros libros.

lunes, 16 de mayo de 2016

Leyendo a Penny Black.

   
Hace un par de semanas terminé de leer Penny Black, libro de mi amiga la escritora sinaloense, Marisabel Macías Guerrero. Ella con este libro ganó el Premio Estatal de Cuento La Paz 2014.

Además de escribir, Marisabel tiene licenciatura en Filosofía, es egresada de la UABCS.

No me agrada la idea de enfocar mi comentario al contenido del libro solamente, porque Marisabel es mucho más que ganadora del premio literario antes mencionado y, es aquí donde radica lo interesante e importante del punto.

Marisabel es una mujer que además de escribir, lo hace –y este su libro es un ejemplo- sobre temas por desgracia poco convencionales, poco tratados en nuestra sociedad. Sociedad que se caracteriza en su mayoría y desde mi perspectiva, por darle más valor a la familia natural que a los valores humanos. Que no visualiza más allá de lo superficial y cotidiano. Valorando a sus pares por lo que tienen en pesos y no por lo que aportan para el desarrollo de su entorno en todos los contextos.
Sociedad que se ciega a la realidad que nos hiere –sobre todo a las mujeres-, a quien califica de inmorales o libertinas, cuando no siguen o seguimos los preceptos basados -en la muchas veces doble moral- de quienes los imponen.

Marisabel escribe usando palabras que lastiman el sentido de la vista de quienes la leen, porque utiliza aquellas -palabras- que nos han obligado desde niños a callar o a pronunciar en secreto, con vergüenza, como si al leerlas o pronunciarlas nos convirtiéramos en herejes. Sin tomar en cuenta que de muchas de esas palabras estamos construidos: clítoris, pene, senos, vagina. Y que fuimos creados a través de un orgasmo que si bien nuestra madre tuvo suerte, no solo fue el hombre con el que nos concibió quien lo gozó.

Marisabel escribe y denuncia a una sociedad cada vez más inquisitiva y que con mayor frecuencia y facilidad, excluye a todos aquellos que la conforman y que no siguen sus paradigmas y costumbres.

Marisabel escribe sobre temas que nos cimbran, mueven, colapsan. Sus textos nos llevan a refutarnos ideas que nos han impuesto desde tiempos inmemoriales. Sus letras son letras que invitan a desafiar conceptos morales que arrastramos y que sin darnos cuenta nos han hecho daño a muchos, por habernos impedido de una u otra forma disfrutar de la sexualidad.

Por otra parte, Marisabel también escribe para promover, divulgar y compartir la cultura. Para denunciar injusticias políticas. Para concientizar sobre el daño que generamos al planeta si no reciclamos, si no cuidamos el agua, si tiramos basura.

Marisable alza la voz en contra de los feminicidios y los pederastas. Pidiendo justicia para los desaparecidos (43).

Marisabel escribe para gritar que feminismo no es sinónimo de machismo. Y que ser feminista no es estar en contra de los hombres. Todo lo contrario, que el feminismo busca siempre entre hombres y mujeres igualdad, en el sentido estricto de la palabra.

Marisabel es una mujer que se esfuerza todos los días, con sus minutos y horas, por practicar con sus acciones la sororidad.

Marisabel vive en un grito, porque si no lo hace entonces no se siente viva ni libre.

Penny Black viene a darle un giro distinto a la literatura sudcaliforniana.

En 22 cuentos la autora se desnuda y se exhibe para que el lector vouyerista se deleite.

Veintidós cuentos que de manera excepcional empoderan a la mujer de su propio cuerpo, pensamiento, decisión y derecho a la libertad.

En Penny Black, Marisabel da voz a las mujeres que en diferentes tiempos han sufrido –o hemos- acoso,  violencia tanto física como psicológica o  comentarios machistas, que hemos tantas aprendido a través del tiempo a ver como "normales". Ella, a través de las páginas de su libro, nos ayuda a desahogarnos, a deshacernos en alguna medida de la frustración que nos han dejado esos acontecimientos.

Nosotras las lectoras,  resignificamos sus letras. Sin embargo, no es un libro exclusivo para mujeres, también lo es para todos aquellos hombres que sin saberlo son "feministas".

Penny Black lamento decir, no es un libro donde encontrarán descripciones explícitas de sexo, sí en cambio,  de erotismo y, aunque no haya sido tal vez la intensión de la autora, matices de poesía.

Agradezco a Marisabel primero, su amistad y después, que nos preste su voz en este su libro.