domingo, 22 de julio de 2018

Carta a una hija


Ver crecer a aquellas personas a las que dimos vida es simplemente maravilloso. Reconocer en ellas algo nuestro e identificar diferencias y similitudes nos llena de satisfacción. Creer que nos pertenecen cuando no es así, puede generarnos un poco de frustración y reconocer que inevitablemente llegará el día que tendrán que tomar su propio rumbo, tristeza.  
De alguna manera intentamos que se vuelvan  nuestro reflejo, en mayor o menor medida. 
Dice la vox poluli que, entre más semejanzas en el carácter tengan las hijas e hijos con sus madres o padres, los conflictos entre estos pueden ser mayores. No obstante, y aunque estas dificultades en la crianza creen tensión en algunos periodos del desarrollo, las madres es especial, mantenemos un lazo muy fuerte con cada uno de los seres a los que trajimos al mundo. 
Cada relación es especial y única. 

Hoy esta carta va dirigida a una de las personas más especiales que la vida me dio la oportunidad de concebir, conocer y con sus aciertos y desaciertos, criar. 


Querida Alejandra:

Tu llanto vigoroso cimbró las paredes blancas y asépticas del quirófano tras una incisión horizontal en mi bajo vientre, y segundos después de que unas manos extrañas calzadas con guantes, la boca cubierta y vestida toda de azul te arrancaran abruptamente de mis entrañas. Ese primer llanto me pareció tu exigente reclamo a querer seguir unida a mí, en la estrecha, continua y sanguínea relación que sostuvimos por nueve largos meses; como si temieras que todo terminaría entre tú y yo a partir de ese turbulento momento en que abriste tus ojos y todo fue luz y sombras para ti. Mientras que para mí  significó la culminación de un estado de zozobra permanente, porque durante tu espera sentí que deambulaba con los ojos cerrados sobre una cuerda floja a cientos de metros de una superficie segura. Y no era para menos, ya te había perdido dos veces antes sin conocerte, todavía sin que tuvieras forma definida, a penas cuando tu pequeño corazón comenzaba a latir. Por ello con tu llanto, vino  la certeza que eso ya no pasaría, ya no te perdería, al menos no de la misma manera. 

Ese día todavía de verano conocí el color de tus ojos y el timbre de tu voz, la textura untuosa de tus mejillas regordetas y tu cabello fino y escaso con destellos dorados. Ese día besé tu rostro pequeño, vi y sentí  tu boca ansiosa y hambrienta buscar y succionar mi pecho para probar el calostro con el que te alimentarías por muchos meses. 
Tu nacimiento fue y seguirá siendo uno de los acontecimientos más maravillosos e inolvidables de mi simple existir.

Sin embargo muy a pesar mío, por una u otra razón, por lo difícil que se tornó la vida para mí en aquella época; no pude o no supe evitar que los efectos inicuos y colaterales de mis decisiones y acciones te alcanzaran y por lo tanto la luna de miel entre nosotras llegó a su fin. 

El proceso de tu desarrollo psicomotor normal tuvo que ver. Preferiste correr que permanecer en mis brazos, comer por ti misma aunque sólo la mitad del alimento contenido en el plato llegara a tu boca, anudarte las cintas de tus tenis favoritos una y otra vez por tu propia cuenta. Después, conforme fueron pasando los días y crecías, ya no dejaste que te secará el cabello después de bañarte. Te aburrió el cuento de Caperucita roja, ese, el remasterizado, donde la Caperuza era rebelde y no le temía a nada y donde obviamente no se la comía el lobo ni a ella ni a la abuela. Más adelante todavía, optaste por irte a la cama en silencio, sumida en tus pensamientos.  
Fue entonces que sentí que la brecha que nos separaba iba ensanchándose. Dejaste también de encontrar emocionante acompañarme a hacer las comprar de la semana y echar a la canasta lo que yo te indicaba. 

Así puedo llenar dos o tres cuartillas enumerando y describiendo las cosas que antes conmigo hacías y que fuimos dejando de lado, algunas por obviedad y tantas otras por nuestras manías. 
Cuando me di cuenta y aunque tu cuerpo era todavía de niña, tu mente era distinta. Eras una niña grande, no por tu forma de vestir, todo lo contrario. Era algo en  tu pensamiento que había cambiado. 



En la actualidad, sigues siendo para mi un misterio. Una joven que en ocasiones percibo temerosa y en otras tantas audaz y valiente. Eres tan diferente a mí cuando tenía tu edad, tu pensamiento tiene mucho menos ataduras, tienes más libertad de acción y decisión. Sin embargo y a pesar de ello, también logro ver en ti uno que otro rasgo mío, como por ejemplo que te cuesta un poco socializar y abrirte a las demás personas. Y aunque hace tiempo ya que intentamos esquivar algunas de  las diferencias que allanan nuestra relación y coartan nuestro diálogo, muchas veces sin tanto éxito, creo y sobre todo siento que la empatía y sororidad van ganando terreno entre nosotras dos.  Aunque sigas siendo un acertijo que no puedo descifrar, un rompecabezas complejo,  una caja fuerte cuya combinación no poseo.

Te quiero.



"He tenido que cuidar y sostener a la niña herida que había en mí. He tenido que acunarme y protegerme y como Nicodemo nacer de nuevo. Y en este renacer he encontrado a mi madre, también niña e indefensa, ansiando ser acunada tal vez por mí..."

Stanislav Grof

Imágenes de: Patricia Valenzuela

miércoles, 18 de julio de 2018

Viajar



Salir de viaje implica un riesgo en muchos contextos.

Visitar los Estados Unidos no deja de parecerme asombroso: grandes vialidades, todo limpio y ordenado, impresionantes centros comerciales con tiendas de “marca”, asombrosos parques de diversiones, museos. Muchas, muchas cosas que en México podemos tener pero de alguna manera no son iguales.

Por otro lado, lo que detesto es la forma que tienen algunos de sus ciudadanos de tratarnos. Las injusticias con nuestros compatriotas y latinos en general. Me molesto conmigo misma por tener que esperar tres horas para cruzar la frontera a un país donde el racismo predomina; me molesta su presidente que trabaja para que sus leyes perjudiquen tanto a los que viven en él y hasta a los que no, con sus políticas económicas y migratorias. Sin embargo y por sobre todas las cosas, me molesta sobremanera los políticos de México y la política de mierda que hacen, cuando veo a tantísimas personas de diversas edades, hombres y mujeres, vendiendo todo tipo de comida y artículos, sin una mejor oportunidad para avanzar en sus vidas. Me molesta ver tanta pobreza, mientras que la clase política a la que le hemos confiado nuestro país vive en el lujo y despilfarro a costa de la ciudadanía que les otorgó el voto.

Mientras los minutos pasan reflexiono hacia donde voy en ese instante y en la situación de mi país. Por un momento me siento culpable de salir a vacaciones justo a ese país. A gastar mi dinero, lo que a esa gente tanta falta le hace, como si nada sucediera. No obstante, pienso que me los he ganado trabajando. Soy una ciudadana que cumple con sus obligaciones fiscales, que todos los días se esfuerza por hacer mejor su trabajo.

En fin, me duele México y su desigualdad y eso da pie para que haga –vuelva a hacer- consciencia -ahora que las elecciones están a la vuelta de la esquina-, a quienes les  he de confiar mi voto.

La fila de automóviles avanza y atrás se queda mi país al que amo y por el cual trabajo y lucho desde mi trinchera para que  sea mejor.

Pero bueno, lo que al final deseo compartir con ustedes y motivo principal de este texto, es eso que les mencioné al inicio; salir de viaje ya sea por trabajo o placer es siempre un riesgo.

Es confortable salir a recorrer el mundo. Es maravilloso descubrir nuevos caminos que muestran el mismo mar, pero diferente. Asombrarme con el desierto y la diversidad de su flora, porque eso hace que me formula preguntas que me llevan a la lectura y a su vez a nuevos conocimientos. Es increíble como me hago consciente del tiempo y cuanto este ha pasado desde la última vez que estuve en un lugar. Es querer poder leer las formaciones rocosas que se me muestran al paso y ver como cada uno de sus estratos, son hojas de un libro abierto que no sé traducir y sin embargo me apasiona, haciendo que mi mente imagine y vuele miles y miles de años atrás.


Salir y viajar. Andar caminos ya hechos, prístinos y nuevos a la vez. Caminos que atraviesan el corazón de una montaña partida en dos a fuerza de la necesidad y necedad de los seres humanos por sentirse cerca de otros. De acortar las distancias que nos separan. 
Viajar es reír, a veces también llorar. Sobre todo si las emociones están a flor de piel y cualquier estímulo es pretexto para dejar que como un regalo, las lágrimas nos desborden, fluyan. 
Viajar es cantar una vieja canción que me lleva de vuelta a la época de mi juventud y darme cuenta que envejecer no es tan malo como a veces pienso, todo lo contrario;  el tiempo que se queda en mí  me ha hecho sentir más plena, más humana, más sensible, más amada. Sin duda, más, mucho más feliz que en cualquier otro época.


Pese a todo esto un riesgo está latente, y es el de extrañar a la familia –mascotas incluidas-. La calidez de la cama que conoce de memoria mi cuerpo. La intimidad de una oscuridad ya conocida. El aroma del café por la mañana en la cocina. Los ladridos de los perros cuando rascan la puerta porque quieren salir a pasear. La salida del sol coronando la isla La Tortuga. La calma del mar que todas las días me espera callado.
De alguna forma cada vez que salgo de viaje me extraño a mi misma en la cotidianidad de ser. Extraño todas las cosas que atesoro y amo y que quedan en espera de mi regreso.
Pero sobre todo me extraño en él, en mi mar, e imagino el momento de verlo por sobre la carretera dándome la bienvenida tan pacífico con su risa de suave ola.

Volver al pueblo que me adoptó es tener la certeza que este es el sitio en el cual deseo terminar mis días. 
Volver es la tranquilidad de sentirme en casa, mi sitio más seguro.

Certeza y seguridad que recuerdo, muchas personas no tienen.


"No todos los que vagan están perdidos".  J.R.R. Tolkien


Imágenes de Patricia Valenzuela.

martes, 17 de julio de 2018

Hashtag #Cuéntalo




Muchas mujeres han contado historias de abusos y agresiones sexuales bajo el hashtag #Cuéntalo desde el 26 de abril de este año, tras la indignación por la sentencia de La Manada (en España). 
Para leerlas sólo basta entrar a Twitter.

A partir de esa fecha las redes sociales se han convertido en una especie de megáfono de las muchas experiencias de tantas mujeres víctimas de acoso.

Al leer los testimonios –desgarradores la mayoría-, no puedo más que permanecer un buen tiempo pensativa. Es pues, cuando recapitulo mi vida desde la infancia hasta ahora y me considero una mujer con “suerte”.

A través del hashtag #Cuéntalo, gran cantidad de mujeres se han atrevido a denunciar de manera anónima y en otras no, sus experiencias. Algunos de los relatos son extremadamente crudos. Eso me da una idea de cómo los hombres bajo una tutela dominada por el machismo y cobijada por el arcaico y vigente patriarcado, no piensan o no les importa, o ambas, en que sus actitudes nos marcan y dañan a veces de manera permanente y casi siempre profunda.

La vida de una mujer víctima de acoso no vuelve –porque simplemente no se puede- a ser la misma. ¿Cómo? Si se trastoca lo más íntimo de nuestro ser sin consentimiento. Podemos continuar viviendo la vida de la manera más normal –en apariencia-. Ser exitosas, profesionistas, intelectuales, trabajadoras del hogar, madres; ser todo eso que podemos y queremos y en el fondo, seguir sintiéndonos transgredidas. Porque además, todos los días por todos los medios, en la calle, en la escuela, trabajo, dentro de la familia y con nuestras amistades, ese trastocamiento se reafirma; muchas de las veces de manera tan sutil, casi imperceptible. En otras tan brutal como que los índices de feminicidios cada día van en aumento.

Se necesita tener mucha fortaleza para superar ese trance y no vivir en la creencia de que todos los hombres son iguales; para no perder la fe y vivir una vida feliz.

Les comparto estas historias reales con nombres ficticios. Hechos que no fueron contados, mucho menos denunciados, porque al igual que muchas otras mujeres el miedo, vergüenza y culpa, impidió que la verdad saliera a la luz en su momento.

Historia #1: Araceli, 9 años. Jugaba en la calle con amigas y primos. Un hombre de la tercera edad de la casa de enfrente, la miraba siempre mientras se tocaba -él- los genitales. Un día la llamó y ella se acercó a la puerta de la casa, donde él le ofreció dulces y dinero a la vez que le mostraba imágenes de una revista porno y con la otra mano, temblorosa, se frotaba los genitales por encima del pantalón. Araceli huyó temerosa y avergonzada. Un día decidió confiarlo a uno de sus primos y, para comprobarlo tuvo que acercarse de nuevo al volver a ser llamada por el abuelito aquel. Se acercó mientras su primo se escondía detrás de ella. El primo entonces contó lo sucedido a su mamá y a los demás. Todos culparon a Araceli. Todos dijeron que el pobre hombre era un anciano que no sabía lo que hacía. Hubo quienes hasta lo tomaron a broma. Mucho tiempo Araceli vivió sintiendo culpa y vergüenza.

Historia #2: Mariana, 17 años. El esposo de su hermana mayor la perseguía y la besaba a la fuerza cada vez que la encontraba a solas. Incluso llegó a tocarle los senos mientras ella dormía, una noche en una habitación donde había otras personas durmiendo también, durante un viaje familiar. El salió huyendo sigilosamente cuando Araceli despertó sobresaltada al sentir la mano sobre su pecho. Ya de adulta, en ciertas ocasiones que se llegó a encontrar con su cuñado en reuniones familiares, ella rehuía la mirada perversa de él, evitaba hablarle a pesar de que él hacía todo por establecer contacto con ella. Mariana le temía o le teme todavía, pesar que desde hace varios años ya, no sabe nada sobre él.

Ella también calló por miedo a que no le creyeran, por miedo al escándalo, a que su hermana resultase lastimada. Vivió mucho tiempo con un gran remordimiento y sentimiento de culpa.

Historia #3: Emma, 22 años. Estudiante universitaria, introvertida, solitaria. Su compañero de carrera del cual creyó estar enamorada, abusó de ella varias veces, manipulándola, haciéndola creer que también la quería. En cuartuchos con música a todo volumen y amigos ebrios que “dormían” en el cuarto contiguo, ebria o sobria, él se desfogó, desbordó en ella para luego, levantarse y acompañarla a la esquina donde Emma esperaba el autobús que la llevaba a casa. Siempre vacía. Siempre sola. Siempre sin lágrimas.

Yo puedo ser Araceli, Mariana y Emma.

Tú, tu amiga, sobrina, hermana, vecina, pueden ser cualquiera de ellas.

Ha pasado mucho tiempo desde que sucedieron esto que les relato. ¿Qué fue de los victimarios? Uno ya está retorciéndose en los infiernos –ojalá-, el de la primera historia. El segundo, lo último que se supo es que vive casi como indigente, sumergido en las drogas. El tercero es médico cirujano, en un pueblo de uno de los estados del norte. Vive con su familia. 

¿Cuántas más habrán sido sus víctimas?

Mi intención al escribir estas experiencias de mujeres acosadas y violentadas, es que aquellas que lo estén sufriendo y me lean, se animen, pierdan el miedo y la vergüenza, que se deshagan de la culpa; porque ellas –nosotras las mujeres- no son culpables de vivir en una sociedad con una estructura patriarcal, aceptando al machismo cono algo tan natural.
Para ayudarnos a sanar existe la terapia psicológica. Nos brinda herramientas valiosísimas para poco a poco sanar el alma. 

Es verdad, en ocasiones puede haber daño colateral, efectivamente. Aún así denunciar, no callarse es lo mejor.

Por último, mujer: niña, adolescente, adulta: ¡no te calles! #Cuéntalo. Dejemos el miedo y la vergüenza de lado, porque eso los mantiene libres y sin castigo. No permitas que éstas historias –tu historia- se repitan. No importa la edad del acosador, del agresor, ¡son culpables y tienen que pagar por ello! No debería existir este tipo de “suerte”. Debería en cambio, existir un sistema de gobierno que nos de garantías, que no solape el machismo, que aplique todo el rigor de la ley, contra los hombres que en su plataforma de machos, se sienten y creen intocables y con todos los derechos sobre nosotras las mujeres.


“El feminismo es 
una forma de vivir 
individualmente 
y de luchar 
colectivamente.”

**Simone de Beauvoir **

Imagen tomada de internet.

El fomento a la lectura en el municipio de Mulegé




Tocar el tema del fomento a la lectura no deja de generarme sentimientos encontrados.

Ser promotora cultural independiente y compartir con muchas personas el amor por los libros y por otro lado, mediar entre las que apenas se inician y estos, son actividades maravillosas que hago sólo por amor al arte. Porque deben saberlo, no hay pago monetario alguno, sólo el placer que genera ver a otras personas disfrutar tanto como yo de los libros y su lectura.

El municipio de Mulegé es el segundo más extenso de México después de Ensenada, en Baja California. Pese a esto, es el de menor densidad poblacional por kilómetro cuadrado. Esto significa que trasladarse de una comunidad a otra, como todos sabemos y aunque estemos acostumbrados, no es nada sencillo. Estamos tan alejados de la “civilización” - si hasta se le suma le  la centralización de los recursos que incluye por supuesto el rubro de cultura- que el fomento a la lectura es más que indispensable para el desarrollo humano de un sector del país con poca accesibilidad a espacios culturales. Aunada la cuestión de la distancia al centralismo, añadámosle por si no fuera suficiente, un gobierno –me referiré estrictamente al municipal- apático, que ha hecho caso omiso a las necesidades y sobre todo a la importancia del fomento a la lectura en todo la extensión del municipio.

Desde el 2012, año en que me inicié –sin estar consciente de ello- como promotora de lectura, he visto poco interés de parte de las autoridades y de los encargados de la “cultura”, para generar actividades de fomento a la lectura donde se involucren a personas de todas las edades. No sólo no se ha hecho en Santa Rosalía, tampoco en ninguna otra comunidad cercana o lejana a esta cabecera municipal. Y bueno, esto me enoja y me indigna.

Muchas personas desconocen el grande y maravilloso acervo literario que existe en ese enorme elefante blanco en el que se ha convertido nuestra biblioteca Mahatma Gandhi. Hace casi tres años, llegaron muchos libros del acervo bibliográfico para las bibliotecas de México (Leer México), títulos que cualquiera que conozca de literatura desearía tener en su casa. Pese a esto y mientras mucha de la juventud y niñez carece de recursos para comprar libros, en la biblioteca son poco aprovechados por falta de iniciativas que inviten a la población a visitarla, a conocer su tesoro literario y a hacer uso de él. Sin tomar en cuenta que el Día Nacional y el Internacional del Libro, el Día Mundial de la Poesía; por mencionar algunas fechas, son ignorados. No hay celebraciones, actividades ni menciones. Me pregunto entonces: ¿quién o quiénes son los que están -y han estado- al frente? ¿Cuál es el concepto que tienen –y han tenido- de encargarse de tan importante puesto? Y las  y los bibliotecarios, ¿saben en realidad cómo ejercer con eficacia tan relevante labor? ¿O es sólo que están allí para ver llegar la anhelada jubilación o como premio a un compromiso de campaña?



Otro asunto no menos importante, es el abandono en el que se encuentra desde hace –también- casi tres años, el Paralibros situado en la plaza Benito Juárez, justo frente a palacio municipal, aquí en nuestra localidad.
Cada vez que paso por la plaza y lo veo abandonado a su suerte, con los libros descoloridos como consecuencia de los rayos del sol, siento un vacío en la panza.

El objetivo del programa Paralibros que (para los que no están familiarizados con el tema) se inició si mal no recuerdo en 2011, es fomentar la lectura en los espacios públicos y a través de mediadores de lectura, los usuarios tuvieran acceso a diversas actividades culturales como cuentacuentos, sesiones de lectura en voz alta, etc. A pesar de ello, de ser el Paralibros algo así como un escalón que lleve al lector primerizo o avanzado a la necesidad de querer leer otros títulos y termine siendo usuario frecuente de la biblioteca, el módulo lleva mucho tiempo sin nadie que lo atienda.
Hubo un tiempo en que los sábados por la mañana el Club de Lectura Infantil le dio vida y es verdad que una persona de la biblioteca colaboraba, mas terminando el ciclo del Club ya no se hizo nada más. Qué decir de las presentaciones literarias, Noches de Lectura y talleres con escritores que la sociedad organizada a través del Club de Lectura llevó a cabo, con el escaso o nulo apoyo de las autoridades.


A eso me refiero cuando escribo que el tema me genera sentimientos encontrados. Es decir, se muy bien –porque soy parte de ella- que como sociedad podemos hacer estas actividades sin necesidad de las autoridades. Somos tan capaces, ¿saben por qué? porque al hacerlo nos sentimos felices, porque nos apasiona y nos motiva; porque nos agrupamos y vinculamos con otros y otras que tienen el mismo interés y tejemos redes. Sin embargo, por otro lado, me recuerdo que es uno de tantos deberes y obligaciones que las autoridades tienen con la ciudadanía, el satisfacer las necesidades culturales y esto incluye el fomento a la lectura.

Me considero de las personas que creen de manera fehaciente, que no es bueno tener un gobierno paternalista, ni tampoco es bueno ser un pueblo que sólo extienda la mano para pedir sin proponer ni participar. Por eso como miembro de un grupo de la sociedad que se ha organizado, hicimos propuestas de actividades de fomento a la lectura para todo el municipio, a la presidenta municipal –mediante una entrevista con ella, al inicio de la administración-. Nos ofrecimos a trabajar en conjunto.

Pero… ni las propuestas ni los deseos de colaborar tuvieron eco.

A pesar de eso ni yo, ni las promotoras y promotores de lectura, ni los maestros que lo hacen en sus escuelas y que vivimos a lo largo y ancho del municipio, hemos claudicado en nuestro deseo de seguir haciendo lo que nos gusta en nuestro tiempo libre. Porque además somos parte de la ciudadanía que trabaja, algunas de las personas son empresarios, otras servidoras públicas, otras nos desempeñamos en el campo de la salud. Pagamos impuestos, cumplimos con nuestras familias y no sólo nos damos, sino que buscamos el tiempo para aportar algo más, un extra.

Todos los días pienso que México nos necesita, necesita a mucha gente extraordinaria. Que exijamos que nuestros derechos se garanticen y cumplan, si, no obstante, que también aportemos ideas y trabajo.

Siempre que tengo oportunidad lo digo, ahora lo escribo; la lectura no es la panacea para cambiar al país, en cambio, si es el medio para generar la conciencia del cambio. De un México corrupto a uno honesto, cambiar a un México más igualitario, sin fuga de talentos, sin muertes en el desierto o ahogados en el Río Colorado. Sin feminicidios.

Un cambio por un México libre del yugo de políticos que sólo nos pisotean sin que nos indignemos ni rebelemos.


“Quien piense que es más importante comer que leer está aceptando una degradación del ser humano.” Alberto Manguel.

domingo, 15 de julio de 2018

La Vendedora De Libros. Más que una librería.



Hace doce años que me inicié como lectora. Desde entonces le encontré otro sentido a mis días. Hace escasos doce años descubrí en los libros y su lectura un amor, otro, entre todos los que hoy tengo. 
Conforme he ido conociendo y desarrollando en este ámbito de la promoción de la lectura, mis actitudes, perspectivas, maneras de pensar, gustos y hasta sueños,  cambiaron;  por la lectura per se y por las personas que he conocido en el andar por el vasto camino de los libros.  Y esto poco a poco terminó por sembrar en mí un anhelo, un sueño que lentamente ha ido tomando forma. 

Es cierto lo importante que es no desistir y esforzarse por lograr lo que se desea, no obstante, de igual manera son importantes las personas con las que se decide compartir ese sueño, ya que depende de  ello que esa energía se multiplique, las ideas se enriquezcan y el trabajo se comparta.
En mi caso el trabajo como promotora cultural me dio la oportunidad de conocer a la persona que ahora es, además de mejor amigo y compañero de vida, con la que comparto actividades de fomento a la lectura y las artes y uno de los proyectos personales más importantes, proyecto que se volvió un deseo mutuo. Este es ahora un lazo -otro- intangible que alimenta y fortalece nuestra relación.  

Con La Vendedora De Libros no sólo pretendemos que la comunidad compre libros, que bien sabemos ha sido y es una necesidad apremiante, un gusto que los lectores no tuvieron por mucho tiempo donde satisfacer; literatura de todos los géneros, de importantes y reconocidas editoriales a precios muy accesibles. A la par, ofrecemos a  los turistas la oportunidad de elegir y adquirir una gran variedad de objetos y detalles que los artesanos locales y de todo el municipio producen, y que hasta ahora poco se difunde y conoce.
La mayoría de estos artesanos  empiezan a dar a conocer su trabajo que es magnífico, por minucioso, por detallado, por el material mismo del que están hechas sus piezas. Artesanos a los que todos debemos apoyar y qué mejor forma  en nuestro caso, promoviendo y  ofreciendo sus bellas y únicas joyas artesanales.  

Deseamos también proporcionar información –sobre todo a los turistas- de algunos de los diversos sitios y actividades que se pueden visitar y realizar desde Mulegé pueblo hasta Guerrero Negro. 

Estamos trabajando para llegar a ser un referente cultural y turístico. El corazón latiente de un pueblo que se ha negado a morir. El centro de reunión de lectores y amantes del arte y la ciencia. Un lugar indispensable de conocer  por todas las personas que visiten nuestro bello pueblo.

Sin embargo además de todo esto, no queremos dejar de lado el fomento a la lectura y las artes. Seguimos comprometidos con ello. Por tal motivo hemos empezado a abrir las puertas de nuestro espacio a importantísimos proyectos que miembros de la sociedad civil de otros Estados -y el propio- o comunidades  realizan con enorme gusto. 

Por ejemplo:  el pasado 4 de julio tuvimos el gusto de recibir a nuestro amigos de Ja´tay, Circunavegación de la Península de Baja California. Ellos son Chino, Kiko y Tati, alias Raúl Gutiérrez, Federico Kellenberger y Francisco Detrell. Los cuales imparten charlas sobre la importancia de conservar nuestro patrimonio natural y cultural. Y como ellos mismo dicen, “es esencial para sensibilizar y adquirir identidad, no únicamente como bajacalifornianos, sino como seres humanos conscientes.”
Acompañan sus charlas de fotografías e increíbles y casi siempre divertidas anécdotas  de sus recorridos.  



Otra más fue el 11 de julio, tuvimos al profesor (Maestro en Ciencias)  en el área de Sistemas computacionales de la UABCS, Miguel Ángel Norzagaray Cosio, miembro fundador de la Sociedad Astronómica Mira.  Él nos compartió su interesante conferencia titulada, “Búsqueda de vida extraterrestre”.



Es muy importante para La Vendedora De Libros apoyar la divulgación de este tipo de temas que incluyan ciencia, ya que #LaCienciaTambiénEsCultura. Por ello todas nuestras actividades están abiertas al público de todas las edades y no tienen ningún costo. 

Y así con estos dos eventos, iniciamos una seria de actividades de fomento a la lectura, las artes y la ciencia, que son tan importantes como la venta de literatura y artesanías.
Poco a poco estaremos programando más actividades y haciéndolas del conocimiento de la comunidad, entre más asistan más provecho obtenemos todos. 

La Vendedora De Libros es una pequeña empresa familiar que atendemos con mucho gusto y cariño.  Donde nos esforzamos por promover otros aspectos importantes para conservar saludable nuestro entorno, como lo es evitar el uso de plásticos –bolsas, vasos, popotes, etc.-  Utilizar madera de reciclaje para la elaboración de nuestros módulos y mobiliario, por mencionar algunos.

Aunque nos falta mucho por hacer, todos los días abrimos nuestras puertas deseando poder aportar algo bueno a la comunidad.  

Así, La Vendedora De Libros pasa a ser junto con el resto de los comercios de Santa Rosalía,  parte importante del Centro Histórico, tan atractivo para propios y extraños. Tan único por su historia y personajes que lo habitan.

"Cualquier librería independiente que ha logrado sobrevivir es mejor lugar para hacer una lectura."

Ruth Ozeki



domingo, 8 de julio de 2018

La carrera de la vida


"Y me esforcé en aislarme y en reducir todo lo posible el mundo que percibía en esos momentos."  (De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami).

Hoy escribo y les comparto mi experiencia como corredora, cuáles son mis pensamientos, qué veo y siento cuando recorro esos kilómetros que pueden considerarse muchos o pocos, dependiendo de quien me lea.

Me inicié hace ocho años más o menos, cuando conviví con alguien que corría. Veía a esa persona correr mientras yo sólo caminaba rápido varios metros atrás de ella. Sin embargo, me entraban unas ganas terribles de echar a correr, que un día así nomás, me atreví a hacerlo y empecé a trotar. Ese día descubrí una de mis grandes pasiones y de las más maravillosas sensaciones.

En muchas ocasiones cuando veo a otras personas correr, me cuestiono cuáles podrán ser sus pensamientos, en ninguna de ellas me he atrevido a preguntar, porque me parece una cuestión muy íntima. Necesitaría tener mucha confianza con la otra persona para hacerlo. Nadie tampoco me lo ha preguntado. 

Corro de tres a cuatro veces por semana. Al principio lo hice en la pista, luego en el campo de beisbol de la unidad deportiva y ahora lo hago en el andador y en ocasiones por el centro del pueblo. Llego a hacer hasta siete kilómetros que me saben a cuarenta y dos. Hasta ahora es mi mayor logro, aunque desearía poder llegar a los diez.

Hubo un tiempo que tuve que parar porque me lesioné la rodilla izquierda por excederme en el entrenamiento y no descansar ni un solo día. Todos los días durante dos semanas estuve corriendo de seis a siete kilómetros. Entonces no me explicaba esos piquetes y punzadas en las piernas, una especie de descargas eléctricas. Además del dolor que se agudizaba por las noches y que cedía un poco con analgésicos. Bueno, hasta que me vi forzada a ir a consulta médica, me dijo el doctor que sufría de tendinitis  -de la rodilla- y que el resto de las molestias eran por el exceso de ejercicio. Así que tuve que resignarme a parar casi seis semanas, recibir fisioterapia y continuar con antiinflamatorios y analgésicos, para poder restablecerme (todavía hay momentos en que me duele si el esfuerzo o la distancia es más intenso o larga de lo habitual).

Pero bueno, ¿qué es lo que pienso cuando corro? Esa es la pregunta que quiero responderles a ustedes que me leen, aunque no me lo hayan preguntado. 

Cuando corro me formulo preguntas sobre situaciones o cosas que veo al avanzar. Por ejemplo: ¿por qué las personas no depositan la basura en los contenedores? A lo largo del andador hay varios, aún así, prefieren tirar su basura en la banqueta o jardineras (latas y botellas de cerveza, vasos y platos de unicel, bolsas de plástico) que cuando hace viento van a dar al mar. 
Sería tan fácil mantener nuestros espacios limpios...

Encuentro además muchos perros sin dueño, famélicos a leguas y sedientos no sólo por falta de agua sino también por un poco de afecto. Hembras que es obvio  tienen poco de haber parido; quien sabe donde estén sus cachorros que con seguridad en un par de meses multiplicarán el número de perros sin hogar. 
Si tuviésemos todos la cultura de la adopción y esterilización canina...

Descubro cada mañana a algún hombre o mujer tirados o deambulando en las playas negras en estados deplorables, no sé si de ebriedad o drogadicción perpetuos, en apariencia perturbados de sus facultades mentales. Alguno de ellos sin evidenciar pudor, defeca al aire libre. Todas estas personas comparten una característica en común: están olvidadas y marginadas por la sociedad. Ignoradas. Les pasamos de lado y de largo aguantando la respiración para que su hediondez no perturbe nuestro sentido del olfato. 
Si fuésemos más empáticos...

Coincido casi todos los días con una joven señora acompañada de cuatro niños que deduzco son sus hijos y cuyas edades oscilan entre los diez y tres años. Siempre van de prisa, casi corriendo, supongo para que no se les haga tarde para llegar a la escuela. La veo y trato de imaginar su vida, su rutina, sus carencias y deseos. La dejo atrás.

Me encuentro a una pareja que camina tomada de la mano. Hablan entre ellos y se sonríen, contándose no sé que cosas. Tal vez planeen una vida juntos mientras observan el horizonte y al sol asomarse. 
Se ven felices y llenos de esperanza.

Llego al Chute, un pedazo de historia que sigue resistiendo el paso del tiempo ante la mirada indiferente de un pueblo entero. Qué decir de la estructura de la antigua fundición, refugio de indigentes. Cuanta historia desperdiciada, dejada al olvido. 

Conforme avanzo por la avenida Obregón, me llega un delicioso aroma a pan recién hecho; estoy pasando frente a la tradicional panadería El Boleo. Cómo me gustaría detenerme a comprar una concha o una pitaya, pero tengo que continuar y además no llevo dinero.

Sigo, sigo hasta dar vuelta a la izquierda por calle once. Allí se ubica la cafetería Café Boleriano. Verla me hace recordar a una mujer que espera su primera hija. Una mujer  que además de inteligente, sensible y trabajadora, me demostró una enorme sororidad en tiempos complicados para mí, cuando apenas y nos conocíamos. Eso lo valoro, agradezco y agradeceré siempre. Se llama Sandra Márquez.

Ya de bajada, transitando por la Constitución y con toda la viada, mi carrera se hace más ágil y mi respiración menos dificultosa. Paso frente al pequeño negocio Romo, donde todas las mañanas se ve concurrido por  personas que llegan por café y empanadas de dulce o de carne, burritos de machaca u otras cosas que ahí se venden. Hace meses que descubrí su ubicación y me gustó mucho porque tiene algo de nostálgico, de pueblerino, algo muy de cachanía. 

Y bien, poco a poco me acerco a calle tres, donde decenas de espíritus literarios me cierran el paso. Allí el corazón de Santa Rosalía, late. Es allí el nuevo centro de encuentro de lectores de la comunidad. Es allí donde se ubica desde hace algunos meses la librería La vendedora de libros. Volteo a ver su fachada y sonrío al saber convencida que los sueños sí se pueden llegar a hacer realidad. Esa es la más fehaciente prueba. Me siento muy contenta de haberlo logrado. 
Porque leer nos da sueños...

Unos pocos pasos más adelante está la plaza y palacio municipal. De allí también emanan espíritus pero de otra estirpe, de los que se han burlado del pueblo, Espíritus de las personas que se dedicaron a saquearlo, a llenar sus arcas personales con el dinero que nos pertenecía. Entristezco por eso y porque formo parte de un pueblo aletargado que poco o nada ha hecho para revelarse ante tanta corrupción. 

Y casi para finalizar mi carrera, observo el bello -por fuera por su estructura y dentro por su contenido- edificio histórico que ocupa la Biblioteca Regional Mahatma Gandhi. Allí los espíritus literarios no duermen, pululan incesantes en espera de lectores que los lleven a sus casas o los lean ahí mismo. Espíritus que no pierden la esperanza de ser acariciados, olfateados, valorados, pero sobre todas las cosas, leídos.

Todos estos pensamientos transcurren por mi cabeza mientras mis piernas me llevan a veces con mucho esfuerzo, otras no tanto a finalizar mi recorrido. Pero por poco olvido escribirles que también pienso en el amor. En lo sencillo que es y lo complicado que se vuelve, o lo volvemos, o lo vuelvo, o las tres cosas. En lo feliz que me siento -por sentirlo- la mayoría de las veces. Aunque mentiría si no acepto que en algunas ocasiones también él ha sido culpable de que me sienta triste y decepcionada. 

Pienso con mucha frecuencia en todo lo que la vida me da. Lo pienso sobre todo al ver mi  mar tan majestuoso, al ver salir el sol y sentir su calidez. Al caminar solitaria por las playas negras, al estar sentada sobre una roca y escuchar la melodía que provoca el agitar de las  al revolver las piedras. Me siento tan afortunada y por ello agradezco. 

Por fin me detengo ya de regreso en el andador, donde camino unos pocos metros más. Estiro, me hidrato y una vez recuperada regreso a casa para disponerme a empezar otra carrera.
La incesante carrera de la vida...

 "Sin embargo, poco después de dejar de correr, todo lo que he sufrido y todo lo miserable que me he sentido se me olvidan, como si jamás hubieran sucedido, y ya vuelvo a estar decidido a hacerlo mejor la próxima vez." (Haruki Murakami)


Lectura sugerida: De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami.