jueves, 26 de febrero de 2026

Ivaginarios

  
Ivaginarios es una propuesta literaria escrita en primera persona. En ella, la autora nos comparte sus sentipensares y algunas conclusiones a las que ha llegado en este punto de su vida. Entre  alegrías, desilusiones, decepciones y aprendizajes. Entre pérdidas, duelos, amor y desamor. Un libro conmovedor por su sinceridad. Reflexivo por su contundencia. Seductor por su honestidad. Sin pretensiones de enseñanza Velia se desnuda, devela y revela. A través de sus palabras nos conduce con verdadero placer por cada página en las que nombra y reconoce como parte importante de la vida a sus ancestras: abuelas y madre. A sus hermanas e hija, ofreciendo así tributo a su "ginealogía", como ella llama a su linaje. Por otro lado, hace presente a quienes la han acompañado en distintos procesos: amigas y hombres. Sin dejar de lado a su padre. 
Ivaginarios es un libro de prosa sencilla, divertido. Con perspectiva feminista. Una especie de diario de vida que se deja con alevosía abierto, sobre la mesita de noche invitándonos  a tomarlo, hojearlo, leerlo. 
Quienes conocemos a Velia, al leer Ivaginarios podemos escucharla. Imaginar sus gestos, su risa, esa mirada que se pierde en los recuerdos. Identificamos la inflexión de su voz ante temas que duelen y la atraviesan. 
Por último, Ivaginarios es un libro cuyo título en un juego de palabras, abraza de manera simultánea con amor e inteligencia imaginación y vagina. Duo que provoca e incita a escribir desde la perspectiva de ser y vivirse mujer.


<<No se nace mujer: se llega a serlo.>> Simone de Beauvoir.

Velia Evan es Escritora, Sexóloga, Erotóloga feminista. Creadora del proyecto #MujerFenix VA, sobre renovación personal. Tallerista, conferencista y divulgadora del feminismo.






lunes, 18 de diciembre de 2023

(Des) Habitante

Si no habitara este planeta

me gustaría ser:

bruma, estrella, arena,

arcoiris, humedad y frío.

El poema más triste

jamás escrito.

La marea más alta.

La canción preferida.

El atardecer más intenso.

Ser casualidad.

Acto Político. 

Ser poeta. 

Ser silencio.

Ser nostalgia.

Ser amor. 

Ser calma. 


“Conocía íntimamente lo que era la deriva interna.”
 Vivian Gornik

miércoles, 19 de julio de 2023

Hipatia

 

No más Hipatias en la Historia,

en la vida cotidiana.

No más campanadas fúnebres

de religiosas o paganas.

De filósofas, astrónomas,

médicas, enfermeras.

Estudiantas, vendedoras,

estilistas, deportistas.

Niñas, madres de familia.

No más huérfanas ni huérfanos.

No más mujeres que esperan

a sus hijas con velas encendidas,

entre llantos y lágrimas

aferradas a un retrato

en silencio en la cocina.

Hincadas ante un altar.

Protestando, excavando.

Por se mujer sabia,

dedicarse a la ciencia

a Hipatia la desnudaron,

desgarraron sus carnes

con conchas y tejas.

Para borrar su recuerdo

por no someterse al cristianismo.

 Así, muchas

han sido asesinadas:

camino a casa o escuela.

Al salir de una fiesta.

Dentro de un taxi. 

Por turbas o solitarios,

conocidos o desconocidos.

Por tener vulva y vagina.

Por no besar la cruz

de un sistema

que nos quiere

calladas y sumisas.

Pariendo, sirviendo,

dedicadas a los cuidados.

Entre cuatro paredes

prisioneras

del amor romántico.

Hagamos la revolución

desde la teoría.

En universidades,

plazas públicas,

oficinas gubernamentales.

En colegios y cafeterías.

En la recámara,

en cenas familiares.

Al grito de Hipatia

violadores, acosadores,

abusadores, tiemblen.

Nunca, nunca más

tendrán la comodidad

de nuestro silencio.

El sistema patriarcal

no se va a caer.

Lo vamos a tirar.       


"Nos han enseñado a tener miedo a la libertad; miedo a tomar decisiones, miedo a la soledad."   Marcela Lagarde                     

 

viernes, 7 de julio de 2023

Carmen

 


N
ueve meses me cargaste en el vientre,

después en los brazos.

Me ofreciste de tus pechos, calostro,

de las noches, tu sueño,

de los años, tu juventud.

Rompí tu piel al crecer en tu interior.

Líneas blancas indelebles,

vetas hundidas, nuevas y viejas

con las que firmamos tu cuerpo

yo y las otras siete crías que pariste.

Seguiste mis pasos no solo de niña,

también de joven y adulta.

Cuando me fui de tu casa

me quedé en tu “cabeza

como la huella de una ausencia.”

Y a mí,

nunca se me ocurrió preguntarte en vida

cuáles fueron tus sueños y deseos.

Si los realizaste o no.

Si deseaste, qué y a quién.

Si nos deseaste.

Sí, a tus ocho crías.

Si alguna vez te arrepentiste

o quisiste renunciar al rol de madre,

de cuidadora, de mujer “de”.

Si llegaste a conocer a la mujer que fuiste

 o simplemente la dejaste en el olvido

por darte a la crianza, a un hombre

y a los quehaceres de la casa.

Si te sentiste querida, deseada, valorada.

Muchas veces te vi contenta,

también llorar y reñirle a mi padre.

Te vi lavar ropa, trastes. Planchar.

Ir al mercado. Cocinar.

Ser la última en sentarte a la mesa,

en apagar las luces e irte a la cama.

Limpiar después de las fiestas en casa.

En otro tiempo

hubiera podido decir con seguridad,

que sí, fuiste feliz.

Ahora no lo sé. Tardemente.

Porque las mujeres de tu generación

fueron educadas para darse,

estar para los y las demás.

“Flor con forma de mujer

Esa es la imagen

de la ama de casa:

las mamás son bellas, son como rosas

plantadas en un solo lugar

y se van a quedar ahí

por más bellas que sean.”

Con ese amor incondicional

de madres sacrificadas, abnegadas.

¿O de mujeres sometidas?

Roles asignados, inexorables, qué ejercer.


"Escribo sobre mi madre y pienso que quiero volver a ser hija." Daniela Rea Gómez

Fotografía: Carmen a la edad de 9 años. 

sábado, 10 de junio de 2023

Felina



Mientras hacíamos el amor, él y yo,

te imaginaba a ti, mujer ojos de gata.

Que eras tú

a quien acogía entre mis muslos.

Que eras tú

quien me probaba despacio.

Que era tu lengua y no la de él

la que irrumpía suavemente y se abría paso

entre la verticalidad de mis labios.

Circundando mi centro.

Haciéndome erguir hasta resonar.

Tu boca brindándome el sabor a almizcle

de mi savia, elemento que da vida.

Revitalizando la materia que soy.

Solo un ruido sordo proveniente de él

logró distraerme.

Quise abducir tu imagen en mi pensamiento

y perpetuar esa sensación que no provino de ti,

sino de él.

Hasta nuestro próximo encuentro,

mujer de hermosos ojos de gata.

"El cristianismo le dio al erotismo su sabor de pecado y leyenda cuando dotó a la hembra humana de un alma."                 Simone de Beauvior

(Mujer africana. Pintura en óleo. Tamara Cascado).



 

lunes, 20 de marzo de 2023

Deseo

 

Algunas noches al apagar la luz,

me encuentro con el deseo pletórico

debajo de las sábanas.

Me despojo entonces

de la ropa que me estorba.

Un rayo de luna se filtra

a través de la cortina

que danza con el viento

que te llama.

Cierro lo ojos,

imagino el peso de tu cuerpo

sobre el mío.

Mis dedos inician el recorrido

que saben de memoria.

El centro de mi cuerpo, erguido,

la piel erizada.

Balbuceo.

Me quejo.

Todo mi cuerpo progresivamente

responde a tu recuerdo.

Exhultante, 

pronuncio tu nombre en voz alta. 

Ahí me pierdo.

Luego el viento se calma,

la cortina ya no se mueve.

La luna se oculta tras una nube

que presagia lluvia y frío.


"El erotismo es una de las bases del conocimiento de uno mismo, tan indispensable como la poesía." Anaïs Nin

jueves, 17 de noviembre de 2022

Eclipse


Luna roja, luna de mayo,

del desierto palpitante.

Tibio y tímido.

Pende en el cielo titilante,

mientras un ave perdida

 y herida lo atraviesa.

Abajo, en tierra,

en el balcón

de una casa en ruinas,

las siluetas de dos cuerpos

desnudos, extasiados y lánguidos,

observan la vía láctea

que se abre paso

en la espesura de la noche.

Ella, él, quisieran bebérsela

como han hecho momentos antes

con la savia olor a almizcle

que a fuerza del deseo

ha brotado de sus cuerpos.

Luna eclipsada, luna de sangre.

Luna de fuego, luna solitaria.

Sabe ciertamente que ella, que él,

solo son instantes.


¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz? Frida Khalo







martes, 25 de octubre de 2022

Reescribir (me)


En el año 2016 vio la luz el poemario "A dos tintas", escrito por otro poeta y por mí. Un intercambio de mensajes enviados a través de la red social Facebook que fueron recopilados y publicados. Texteo virtual entre dos amantes ficticios, un juego escritural que empezó de manera espontánea y que después nos propusimos continuar y terminar para un fin. 

En ese año todavía no conocía el feminismo y mi vida se regía por el "amor disney". Cuánto tiempo invertí en esperar al hombre indicado, en luchar por el amor a pesar de las violencias normalizadas. Cuánto llanto y tristeza mientras los hombres gobernaban y tomaban decisiones importantes. Uno de los objetivos del sistema patriarcal se cumplía en mí al pie de la letra. 

"El amor ha sido el opio de las mujeres como la religión de las masas. Mientras nosotras amamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos". (1)

Hoy me asumo feminista. Llevo cinco años más, menos, leyendo a feministas, escuchando conferencias de feministas, participando en tertulias feministas, escribiendo con feministas. Por ello la vida la vivo desde una perspectiva muy distinta. No sé si más feliz, porque sí, el feminismo nos jode, sin embargo, termina salvándonos la vida. "Ver la realidad desde el feminismo ha implicado para mí aprender a resignificar el dolor, porque elegir ser feminista no me lo evitó, no me hizo automáticamente feliz, pero sí me dio las herramientas para tomar decisiones con las cuales, sin creer en la libre elección, pudiera ser consciente de lo que me hacia tomarlas y responsable de las consecuencias." (2)

Es por ese transitar en el feminismo que lo que pienso, siento y escribo ahora, ya no corresponde a lo que pensé, sentí y escribí en el 2016. Amo A dos tintas, es un poemario que me dejó muchos buenos momentos y amistades entrañables, sin embargo, es momento desde mi mirada actual del mundo, de mis sentires y pensares, le de otro significado a mis propias letras. Es decir, descontextualizar y recontextualizar -me-. 


Espero les interese leerme y puedan dejar su opiniones sobre este nuevo proyecto y los textos. Nada me gustaría más que nutrime de la experiencia y conocimiento de otras mujeres.


(1) Política sexual, Kate Millet. 1970. Ed. Cátedra.

(2) El feminismo me jodió la vida (Y después me salvó), Selvia Mirtala Vargas Kotasek. Ed. Corda.





viernes, 15 de julio de 2022

Pulsión


El calor

habita mi centro.

Su vapor

se extiende y fuga

por mis poros.

Mis pensamientos

son leña que encienden

la llama que inflama.

Y mis manos

combustible que avivan el deseo

y al mismo tiempo

agua

que apagan mi incendio.


"Quiero que mi erotismo se mezcle con el amor".  Anaïs Nin

Imagen, dibujo de: Gustav Klimt

domingo, 24 de abril de 2022

Hipatia



No más Hipatias en la Historia,

en nuestra vida cotidiana.

No más campanadas fúnebres

de religiosas o paganas.

De filósofas, astrónomas,

médicas o enfermeras.

De estudiantas, estilistas,

vendedoras, deportistas.

De niñas que salen a la tienda.

No más huérfanas ni huérfanos.

No más madres 

que esperan a sus hijas 

con velas encendidas

entre lágrimas y llanto

aferradas a un retrato,

en silencio, en la cocina.

Hincadas ante un altar,

protestando o excavando.

A Hipatia la desnudaron,

desgarraron su carne

con conchas y tejas,

por ser mujer, sabia, de ciencia.

Para borrar su recuerdo,

por no someterse al cristianismo.

Así muchas son asesinadas

por turbas o solitarios

en complicidad del Estado,

por tener vulva y vagina.

Por no besar la cruz de un sistema

que nos quiere calladas y sumisas,

pariendo y cuidando.

Sin derecho a fiestas,

a caminar o abordar solas un taxi 

en la oscuridad de la noche.

Nos quieren prisioneras

del amor romántico.

¡Hagamos la revolución!

Desde la teoría,

en universidades,

plazas públicas,

oficinas gubernamentales.

En colegios y cafeterías,

en la recámara,

en cenas familiares.

Al grito de Hipatia que ardan

edificios y monumentos históricos

Que tiemblen violadores, acosadores,

presidentes y gobernadores. 

Al grito de Ni una más

todo se rompa e incendie.

Porque no volverán a tener

la comodidad de nuestro silencio.

El patriarcado no se va a caer,

lo vamos a tirar.

Ya no estamos solas,

pero nos faltan muchas.    


"Hay que comprender de dónde viene la violencia, cuáles son sus raíces y cuáles son los procesos sociales, políticos y económicos que la mantienen para comprender qué cambio social es necesario."    Silvia Federici.                           

jueves, 3 de febrero de 2022

La cultura engrandece a los pueblos

                                        

A partir de hoy volveré a retomar mi sueño, comeré a mis horas, regresaré a mis lecturas. Continuaré pendiente de cómo transcurren las cosas, el cauce que tomen. Las soluciones o acuerdos a los que se lleguen. Sin embargo, por mi paz mental decido retraerme lo necesario para no ser consumida por la ansiedad. Si, no tengo estómago para lidiar con tanta mi…seria.No me disculpo por nada de lo dicho o escrito. Esa mala costumbre que tenemos muchas personas cada vez que decimos lo que pensamos y sabemos que puede incomodar a otras. Deberíamos hacer más seguido este ejercicio de opinar sin temor a que se piense que se está echando pleito o que lo tomamos personal o por “politizar” . Hagámoslo sin pedir disculpas de antemano. Apelando al respeto.

He aprendido a tener claras mis convicciones, a hacerle frente a mis ideologías. A no temer -tanto- dar a conocer mi posicionamiento político, social, cultural, etc. A desarrollarme como una ciudadana que hace lo posible porque su pensar, actuar y decir coincidan. A no tener ataduras partidistas que me obliguen a agachar la cabeza o a cerrar la boca. Ha sido  largo el proceso.

¿Perderé amistades, oportunidades de colaborar en ciertos eventos, proyectos? No lo sé. No depende de mí.

El único que gana o pierde en esto y en cualquier situación donde el estado intervenga y decida, es y será siempre el PUEBLO.

Encontré personas muy comprometidas con la lectura y las artes. Personas que no conocía o conocía poco. Cercanas y lejanas. He visto cómo parte de la comunidad se ha movido. Ha opinado y firmado la petición en Change.org No todo ha sido negativo. Agradezco por ello a mujeres y hombres de la comunidad de Mulegé, por su valor civil en defensa de los espacios culturales, la promoción de la lectura y las artes. Por su inmenso deseo de que impere la legalidad y la razón en todas las partes. Porque como comunidad hemos sentado precedente.

Estos últimos días han sido complicados. Los acontecimientos con respecto al tema de la Biblioteca Pública Regional Mahatma Gandhi no han sido para menos. Me han robado horas de sueño y en toda esa vorágine de pensamientos y emociones diversas, me quedan claros varios puntos.

La cultura no se negocia. El Estado tiene el deber de ofrecernos los medios para que podamos ejercer con dignidad nuestro derecho a la cultura. Somos un municipio pobre en ese aspecto. Muchas de las iniciativas y proyectos culturales son elaboradas por miembros de la sociedad civil que dedican mucho tiempo (a veces sin ningún estímulo económico) a la enseñanza de distintas ramas de las artes. A la promoción de la lectura. Utilizando a lo mucho espacios precarios, mal acondicionados, incómodos, sin aire acondicionado (en verano), sin ventanas durante invierno. Con falta de agua. Resistiendo ellas y ellos y quienes asisten a sus talleres y cursos. Sin embargo, la autoridad parece no darse cuenta o mira a propósito para otro lado. Siempre es lo mismo: promesas, verborrea, sonrisas falsas, mentiras. Buscar el voto (antes), tener el poder (después). El contexto de muecas y falacias es el mismo. La cultura no retribuye, no deja dinero, no se gana con ella. Todo lo contrario, entre más sabia es una comunidad más peligro corren (quienes gobiernan) No es tan fácil engañar, disfrazar mentiras con medias verdades. No, la cultura no deja. No es bueno que se lea. Que se aprenda a discernir, a cuestionar, a criticar. Para la autoridad eso equivale a que la población politice el tema y se lo tome de manera personal. ¿Por qué? Porque no están acostumbradas (os) a debatir con el pueblo. A escucharlo. Todo lo contrario. Aprendieron a arrear a quienes gustosamente se dejaron (¿por una dádiva, favor, trabajo, convicción?) Quién sabe. Pero en definitiva reafirmo y confirmola cultura es la parte más delgada del hilo, la que siempre se rompe sin importar el color. Sin excepción.    



Quienes nos gobiernan piensan que es más fácil reducir un espacio cultural porque no se utiliza por falta de buenas estrategias, que crear buenas, estimular e incentivar a sus trabajadoras (es) para que lo hagan con gusto y no solo vayan a hacer antigüedad (la mayoría). Las artes y la lectura estorban. ¿Para qué invertirle entonces? ¿Qué caso tiene preservar un edificio histórico exclusivamente como biblioteca si está sola y hay otras necesidades que sí dejan ganancias? Qué desperdicio. Que se joda la población. Tienen la sartén por el mango o al menos así lo suponen. En el municipio la ley tiene algunas propiedades: es maleable, no está sujeta a “cabildeo”. Por otro lado, Mulegé es huérfano de dirigentes culturales, no tiene quien lo defienda. Las direcciones de cultura bien gracias. El nivel estatal se lava las manos en este asunto ya que no es de su competencia. Yo que creí que el derecho de un pueblo a tener acceso a la cultura se defendía también por convicción, por idealismo, por empatía. Sin importar los límites territoriales. No por un cargo. Cuántas decepciones en tan pocos días.

- Voces educativas y sociales: Ninguna autoridad de ningún nivel educativo manifestó su opinión: Tecnológico de Mulegé, COBACH, CBTIS, directoras (es) de kínder, primarias, secundarias. Lo mismo con las asociaciones o grupos civiles, dirigentes de partidos políticos. El silencio imperó. ¿Es en serio? ¿De verdad el tema de la cultura es tan insignificante para todas esas personas que conforman cada sector de la comunidad=municipio? ¿De verdad al sistema educativo le da igual si se reduce un espacio cultural o se elimina por completo? ¿A quienes traen tatuado el sentido de pertenencia tampoco les importa lo que suceda en este rubro? ¿Acaso la acción de leer no es un “valor” que se debe enseñar y promover en las escuelas?

Estas últimas noches no he podido dejar de hacerme esas y otras preguntas: ¿Dónde están todas esas gentes? Periodistas, como se hacen llamar. Líderes de redes sociales. Opinólogos. Intelectuales. ¡Dónde! A pesar de eso no me siento sola en este afán de rescatar y preservar inalterado un inmueble, y de recalcar la importancia que tiene la cultura en un municipio carente de ella. Desnutrido. En salvaguardar lo tangible e intangible. En que se respete la ley. Y no me siento así porque no lo hago con un fin personal, todo lo contrario, colectivo. Sin duda, he percibido la compañía de otras y otros a través de las redes sociales. Algún inmueble histórico pudo acondicionarse como restaurante, dirán, y nadie hizo tanto “drama” (digo yo) y pienso: un niño o niña con seguridad no pueden salir a comer a diario a ese restaurante que seguramente fue creado con fines de servir al turismo. Tal vez el salario familiar no alcanza para esos lujos. Sin embargo, si pueden ir todos los días a disfrutar de un espacio amplio, con todos los servicios y un gran acervo literario. Podrán ir pues a la biblioteca a hacer tarea, investigar, leer o a realizar otro tipo de actividades que artistas, promotoras (es) culturales independientes generen y no les costará nada. Por lo tanto, no hay punto de comparación en ambos ejemplos.  


Actividad turística. Por supuesto que estamos a favor de que la economía mejore de manera general. Que el municipio de Mulegé se beneficie del turismo. De la generación de nuevos empleos. La promoción del trabajo artesanal que es arte, en realidad. Deseamos calles transitables e iluminadas. Que quienes nos visitan del extranjero conozcan que hay otras comunidades más al norte donde se llevan a cabo actividades de turismo de aventura. Se enteren de lo bello que es vivir aquí, en un pueblo mágico. Más no a costa de mutilar un rubro lastimado de añales como lo está el cultural.  

No hay que perder de vista que el crecimiento turístico lo hacen los empresarios y conozco a algunos que no están de acuerdo en la decisión que la Presidenta Municipal y su equipo han tomado. Todas las personas que nos inconformamos abiertamente tenemos la seguridad que existe una solución que daría tranquilidad y generaría confianza con respecto a las autoridades municipales que ahora gobiernan. Nos son tan necesarias y hace tanta falta vivir sin imposiciones ni autoritarismo que provengan del gobierno. Queremos diálogo, consenso y por sobre todas las cosas respeto a las leyes.

¿Utopía o quimera? Cada quién decida.


Enlace para firmar la petición: https://chng.it/NsvW2mfK9V

 

C. Patricia Valenzuela Lugo

Gestora y promotora cultural independiente

Santa Rosalía, B.C.S. a 03 de febrero de 2022

miércoles, 23 de junio de 2021

Amante Lunar

 


Me deshice de todas las fotos

donde estamos juntos.

Quemé las sábanas

que vistieron de deseo

nuestras noches y cuerpos.

Regalé los libros

que compraste

y dedicaste para mí

cada viaje.

Borré la música

que nos acompañó

cientos de kilómetros

mientras cruzamos el desierto.

Dejé de beber tu agua preferida.

cocinar lo que más te gusta,

ver ese canal de televisión.

Abandoné tus recuerdos

dentro de una consola vieja

junto al bote de basura.

Hubiese querido también

desandar los caminos,

apagar las estrellas fugaces,

secar los mares,

callar al viento,

incendiar la noche,

Me negué a retenerte.

.

.

.

Apócrifo Amante Lunar

miércoles, 16 de junio de 2021

Dicen que debo aguantarme



I

 Eso pasa por abrir  las piernas

por llevar falda corta

blusa transparente

beber cerveza.

Dejar a mi mejor amigo

llevarme a casa,

las tres de la mañana

no son horas

para una jovencita decente.

Yo   lo provoqué,

   él   no pudo resistirse.

Pechos piernas nalgas

   instinto.

Se metió en mi cama

embistió fuerte,

   no quiso escuchar

   ni mi llanto ni mi súplica.

Ahogó  mi grito con su mano

se vertió dentro de mí,

    se fue.


II

 ME DEJARON SOLA

aturdida, desorientada

perdida,   culpable.

Me   negaron

la pastilla del día siguiente,

misoprostol,

el derecho a legrado;

el cura, mi padre, las  autoridades.

Mi  cuerpo se transformó.

Abandoné la secundaria

perdí mi  identidad,

me llamaron  puta.

Callé.

Aguanté el silencio

los rezos de mi madre

el desprecio de mis hermanos.

Ahora aquí tendida

las piernas abiertas me hormiguean

tengo los labios resecos    

estoy sedienta.

Unos dedos ajenos  

abren   mi vulva sin aviso

penetrándome -otra vez-,

torpe, dolorosamente

me contraigo completa.

Ahogo  mi grito -otra vez-

para no dejar sin oxígeno a la nena,

dice la enfermera.

No quiero ser  culpable  -otra vez-.

Escucho risas, reguetón,  

siento  frío.

¡Puja, puja, puja!

Un pesado brazo sobre mi  vientre

roba mi aliento, todo me da vueltas,

entonces

escucho su llanto.

     

 III

NADA HA TERMINADO

apenas empieza.

A mis    14 años

abandono   mis sueños:

estudiar

viajar

escribir

vivir

.

.

.

.

quiero   gritar

lo que no deseo ser




"La maternidad será deseada o no será".

 

 

 

 

Libertad



Solté amarras
Dejé que mis dedos
navegaran libres
en mi propia corriente
hasta perderse
Me vi en medio de una tempestad
donde el sentido del tiempo no existe
Me elevé y toqué el cielo, tensa
Bajé a los infiernos, ardiente
Volví húmeda y exhausta
a -mí- tierra firme



"Dentro de ella hay una fuente un frescor que limpia las penas". Giaconda Belli.




jueves, 20 de mayo de 2021

Encuentro místico

  

 La primera vez que pude ver de cerca una ballena gris fue hace siete años. Entonces mi corazón se transformó en un tambor batiente que vibró dentro de mi pecho de manera incesante.

A las ballenas me gusta llamarles “Seres”, siento que poseen un aura única muy especial. Pues bien, cuando vi a esos Seres hermosos acercarse, la sangre se me heló de temor y emoción. Los vi rondar la embarcación y de pronto ¡zas!, asomar su cabeza para observar con curiosidad a esos otros seres que íbamos dentro de la lancha. Me dio la impresión que sonrían al vernos. 

Si verlas es genial –y con esto el viaje ya ha valido la pena- tocarlas es, además de un plus, de las experiencias más maravillosas que pueden existir en la vida de cualquier persona. Bueno, aunque se recomienda abstenerse de ello, la verdad que es muy difícil resistirse y no hacerlo. 

Establecer contacto con una ballena gris por algunos momentos (por lo general segundos) ha marcado mi existencia de  manera profunda. Ha sido en encuentro sensorial y místico. La primera vez me pregunté (sigo haciéndolo): ¿cómo uno de los mamíferos más grandes del planeta puede tener ese comportamiento tan noble y amistoso?, ¿por qué se muestran tan abiertas? Observarlas girar, entrar y salir, ver los chorros de agua a través de sus espiráculos, sus barbas cuando abren la boca, ¡son como nuestras mascotas caninas al jugar mientras las acariciamos! Al fin mamíferos, también.  

Me gusta pensar que la ballena gris tiene conciencia y que a través de lo que hacen saben perfectamente lo felices que somos al admirarlas. En lo personal (aunque he visto cómo otras personas lo hacen también) me gusta hablarles como si fuesen bebés e imaginar que responden a esas muestras de cariño saliendo a la superficie. El contacto con una ballena gris me inspira a dejar salir a mi niña interior tan reprimida por la cotidianidad de los días. Dejo maravillarme y sorprenderme por ellas. Me atrevería a asegurar que no soy la única. Todas las personas que en esa travesía compartimos la embarcación, reímos, platicamos emocionadas y nos relajamos. Nos olvidamos de las preocupaciones y problemas para concentramos en ellas, de los Seres más increíbles que habitan el mar. 

Cuando asoman su cabeza y uno de sus ojos se cruza con mi mirada, lo percibo como un instante muy especial y único; tanto que quisiera poder detener el tiempo y congelar la imagen. Dos especies mamíferas tan distintas en contacto visual. Nada más fantástico .

El agua fría del Pacífico en Laguna Ojo de Liebre, aquí en el norte del municipio de Mulegé, es el hogar de las ballenas grises. Acuden puntualmente cada año en un viaje desde Alaska, para dar a luz a sus crías hasta que estas son suficientemente grandes para iniciar el viaje de retorno. De diciembre a abril, cinco meses bastan para ello. Este acontecimiento tan significativo pone de fiesta a una comunidad para la que el turismo de aventura es de las principales fuentes de empleo y cada temporada se prepara para recibir a cientos de visitantes nacionales y extranjeros que hacen largos viajes con este fin.

Guerrero Negro, situado justo en el Paralelo 28, se llena de orgullo al acoger en sus aguas a este mamífero que en un principio hace millones de años fue terrestre, y cuya evolución lo llevo a convertirse en lo que hoy conocemos. 

La ballena gris es el huésped distinguido de esta comunidad salinera. Las aguas de Laguna Ojo de Liebre, es la cuna donde nacen decenas de crías, por lo tanto, podemos presumir que la ballena gris es orgullosamente mexicana.  

¿Cómo no estar enamorada de ellas? ¿Cómo no sentirme agradecida con la vida por la oportunidad que me ha brindado de poder interactuar con semejante Ser? 

Realizar el avistamiento de ballena gris, se convierte a la vez en un viaje que invita a la reflexión.  En lo personal, me hago consciente de lo pequeña que soy y de lo soberbia que puede ser la humanidad con su misma especie y con otras, al no cuidarlas, al dañarlas. Con el medio ambiente en general, al no preocuparnos por reciclar, por dejar de usar plásticos. Por quemar basura, desperdiciar el agua, por no respetar la veda de las especies en peligro de extinción, en fin, por muchas cosas más. 

Vivir la experiencia de ver de cerca a la ballena gris, sobre todo en su hábitat natural, me invita a hacer una pausa y repensar –me-. Cuestionarme qué estoy haciendo bien y qué no, por la vida animal y en otros aspectos de mi vida. Es decir, fue a la par un viaje introspectivo.Me emociona mucho escribir sobre mi experiencia con la ballena gris. Me gusta poder compartir mis sentires con quienes me leen.

La invitación queda abierta pues, a que se den el tiempo (si no esta temporada sí las venideras) de obsequiarse la oportunidad para hacer esta travesía, sobre todo si viven en Baja California Sur. No podemos amar ni proteger lo que no conocemos. No podemos hablar y recomendar lo que no hemos experimentado. 

Y por último algo muy importante que no hay que perder de vista: cuando decidan hacer el viaje para avistamiento, elijan una empresa responsable no solo con ustedes como turistas, sino con la vida y el entorno de nuestras amigas las hermosas ballenas grises.  


Gigante del mar: 

Eschrichtius robustus es 

la ballena gris.


Fotografía cortesía de: @MariosTours

 


Entre el presente y la nostalgia



Al rememorar mi vida, indiscutiblemente vienen a mi mente las imágenes en las que de niña solía jugar en la calle, sin cercas delimitando el patio, ni puertas con candado o alarmas y cámaras de vigilancia observando siempre. Sin celulares. Época en la que para localizar a mamá o papá por ejemplo, tenía que llamarles a un teléfono fijo del lugar donde estarían y de no encontrarles dejar recado con quien contestara. 

Dentro de ese cúmulo de recuerdos están los de una bicicleta despintada, un poco vieja. Me veo pedalear, levantar la llanta delantera por segundos interminables. O soltando las manos del manubrio. En ese cúmulo de recuerdos también está mi par de patines y la patineta amarilla. 

Los patines de fierro y cuatro llantas que colocaba adaptándolos al tamaño de mis zapatos. Nunca pude tener unos como los de mi prima; bota, blancos, freno de bola en frente. Soñé tanto con ellos. Sin embargo, con los que tuve y pesar del chirrido que emitían, brinqué topes, di giros en el aire, recorrí las calles de la colonia en compañía de primas y amigas. En la patineta me sentaba para que mi mejor amiga se apoyara sobre mis hombros y empujara fuerte, dejándome ir por la pendiente a dos cuadras de la casa. En esa infancia jugué a las canicas sobre tierra suelta, a las escondidas en la oscuridad de la noche. Al bote, a las cebollitas y bebeleche. Corrí y salté bardas junto con niñas y niños de mi misma edad y que vivíamos en el mismo vecindario.  

No pudo faltar el futbol en la calle con porterías delimitadas con piedras, donde el juego se detenía solo cuando el camión de ruta o cualquier otro automóvil sonaba su claxon para gritar que nos moviéramos. Por otro lado, todavía puedo escuchar nuestras risas los días de lluvia mientras saltábamos charcos, los gritos alrededor del señor y su puesto ambulante, pidiéndole los churritos o la fruta con chile. Un raspado de ciruela, mi favorito.

Me causa gracia recordar que jugué maquinitas con el dinero que gané vendiendo periódicos en el boulevard, siempre en bola, con la plebada.

Con el tiempo todo eso cambió. La vida empezó a hacerse un poco más seria, supongo.Vino la adolescencia y con ella la secundaria. 

Los talleres de tejido y corte y confección que odié. Tal vez porque me costó mucho adaptarme a las indicaciones de la maestra.  Siendo zurda todo me parecía imposible en un mundo diestro. Nunca dije nada y la  maestra no se preocupó por preguntar qué me pasaba, por qué tantas dificultades para aprender. En la mecanografía me fue mejor. 

Poco a poco me fui desprendiendo de cada una de mis amigas del barrio, ellas también de mí, supongo que nos sentimos engullidas por las responsabilidades. Así empezó el distanciamiento. En primer año me gustó uno de tercero. Embelesada lo veía (como muchas) de lejos sin que él se diera cuenta. Fue mi amor platónico hasta que se graduó. Años más tarde nos conocimos y tratamos un poco. 

Siguió el bachillerato. Un ir y venir en camiones de ruta que recorrían media ciudad. Dos camiones de ida, otros dos de regreso. Yo sentada rebotando en cada bache. No fui una alumna brillante. El tormento de las matemáticas siguió. En ese lapso tuve mi primer novio con el que me mantuve cinco eternos años. Padecí las miradas que desaprobaron mi corte de cabello. Inicié a escribir diarios a escondidas debajo de las sábanas. Escuché rock a todo volumen. Me sentí desplazada por el novio de mi mejor amiga. Tuve muchas diferencias con mi madre. Encontré verdadero consuelo en las letras. 

Sentirme poca cosa, relegada, fea, tonta. Llorar a solas. Era el orden del día.  

Soñé desierta y dormida con el amor, con ser importante, querida, aceptada, valorada.  Así giraron mis días en esa época. En un abrir y cerrar de ojos pasé a una licenciatura de tiempo completo. 

Clases, clínicas, hospitales, morgues. Con bata blanca y mochila al hombro viví los siguientes diez años de mi vida.

Viaje por primera vez sola en camión y en avión. Me enamoré  de “verdad” varias veces, todas fallidas. Bailé mucho e igual me embriagué. Dormí fuera de casa estudiando y otras no, a esa hora después de una fiesta ya no había camiones de ruta que me llevaran. Algunas ocasiones mi padre fue por mí a las tres de la mañana. En este tiempo conocí a una de mis más entrañables amigas (que todavía conservo). Reímos mucho. El hospital fue nuestra casa. El servicio de urgencias, de gíneco, el quirófano, los lugares donde pasamos más tiempo, con mucho trabajo pero felices. Éramos tan jóvenes. El amor y la amistad cabían ahí, entre infartos, curaciones y partos. El servicio social me separó de mi amiga. Después vino la especialidad y mi casa siguió siendo la posada en la que se había convertido, donde solo llegaba a dormir y comer, en ese orden.  Me gradué. 

Dejé la ciudad donde nací. Dejé todo. Lloré mucho cuando partí de mi ciudad dejando la pequeña habitación que me dio cobijo y resguardo. Dejé a mi madre y a mi padre con la mano en el aire diciéndome adiós. No volví a bailar. 

Conocí el mar con el que soñé toda mi infancia y adolescencia y del cual me enamoré loca y profundamente. Encontré trabajo, o mejor dicho el trabajo me encontró a mí. Me convertí en madre. Descubrí otras libros y lecturas fuera de los de mi profesión. Me construí una fortaleza. En el Pacífico, entre la sal, dunas y ballenas, encontré a mi compañero de vida.

Y aunque rememoro a veces con nostalgia esa vida pasada que parece en ciertos momentos tan presente, me siento mucho más feliz ahora. A pesar de la telefonía celular, las redes sociales, de toda la tecnología que me absorbe y me roba tiempo. Que me invita a procrastinar en ellas.

He leído una cantidad de libros que en esa infancia y adolescencia no imaginé.  Escribo, no debajo de las sábanas, sino en un hermoso escritorio que recibí como regalo en uno de mis más recientes cumpleaños. Al hacerlo saco todo lo que me atraviesa. He dejado plasmado en papel mis poemas, sin importar si me leen o no, si gustan o no. 

He viajado. Conozco otros mares, regiones tan bellas como inhóspitas. Volado en una tirolesa sobre el desierto o el mar. Compartido momentos íntimos con las montañas hegemónicas envuelta en el silencio.

Colecciono figuras de los lugares que visito. Aprendí y soy buena para formar palabras en el Scrabble. Descubrí el amor incondicional en cuatro perros y me he descubierto amando a una pequeña gata de hermosos ojos azules. 

Vivo en plenitud. Siento que la vida no me debe nada. Todo lo importante me lo dio y ha dado a su tiempo. Vivo una vida no imaginada en mi infancia.

Entendí que la vida es más que un número. Que la vida son los sueños que se logran, las palabras que se escriben, las almas que se tocan. 

Acepto amorosamente mis años, mis arrugas, las canas que empiezan a habitar mi cabello, el desgaste de mi cuerpo. La  desmemoria de no saber donde dejo las llaves.


"El recuerdo también es una experiencia"  Annie Ernaux