martes, 17 de julio de 2018

El fomento a la lectura en el municipio de Mulegé




Tocar el tema del fomento a la lectura no deja de generarme sentimientos encontrados.

Ser promotora cultural independiente y compartir con muchas personas el amor por los libros y por otro lado, mediar entre las que apenas se inician y estos, son actividades maravillosas que hago sólo por amor al arte. Porque deben saberlo, no hay pago monetario alguno, sólo el placer que genera ver a otras personas disfrutar tanto como yo de los libros y su lectura.

El municipio de Mulegé es el segundo más extenso de México después de Ensenada, en Baja California. Pese a esto, es el de menor densidad poblacional por kilómetro cuadrado. Esto significa que trasladarse de una comunidad a otra, como todos sabemos y aunque estemos acostumbrados, no es nada sencillo. Estamos tan alejados de la “civilización” - si hasta se le suma le  la centralización de los recursos que incluye por supuesto el rubro de cultura- que el fomento a la lectura es más que indispensable para el desarrollo humano de un sector del país con poca accesibilidad a espacios culturales. Aunada la cuestión de la distancia al centralismo, añadámosle por si no fuera suficiente, un gobierno –me referiré estrictamente al municipal- apático, que ha hecho caso omiso a las necesidades y sobre todo a la importancia del fomento a la lectura en todo la extensión del municipio.

Desde el 2012, año en que me inicié –sin estar consciente de ello- como promotora de lectura, he visto poco interés de parte de las autoridades y de los encargados de la “cultura”, para generar actividades de fomento a la lectura donde se involucren a personas de todas las edades. No sólo no se ha hecho en Santa Rosalía, tampoco en ninguna otra comunidad cercana o lejana a esta cabecera municipal. Y bueno, esto me enoja y me indigna.

Muchas personas desconocen el grande y maravilloso acervo literario que existe en ese enorme elefante blanco en el que se ha convertido nuestra biblioteca Mahatma Gandhi. Hace casi tres años, llegaron muchos libros del acervo bibliográfico para las bibliotecas de México (Leer México), títulos que cualquiera que conozca de literatura desearía tener en su casa. Pese a esto y mientras mucha de la juventud y niñez carece de recursos para comprar libros, en la biblioteca son poco aprovechados por falta de iniciativas que inviten a la población a visitarla, a conocer su tesoro literario y a hacer uso de él. Sin tomar en cuenta que el Día Nacional y el Internacional del Libro, el Día Mundial de la Poesía; por mencionar algunas fechas, son ignorados. No hay celebraciones, actividades ni menciones. Me pregunto entonces: ¿quién o quiénes son los que están -y han estado- al frente? ¿Cuál es el concepto que tienen –y han tenido- de encargarse de tan importante puesto? Y las  y los bibliotecarios, ¿saben en realidad cómo ejercer con eficacia tan relevante labor? ¿O es sólo que están allí para ver llegar la anhelada jubilación o como premio a un compromiso de campaña?



Otro asunto no menos importante, es el abandono en el que se encuentra desde hace –también- casi tres años, el Paralibros situado en la plaza Benito Juárez, justo frente a palacio municipal, aquí en nuestra localidad.
Cada vez que paso por la plaza y lo veo abandonado a su suerte, con los libros descoloridos como consecuencia de los rayos del sol, siento un vacío en la panza.

El objetivo del programa Paralibros que (para los que no están familiarizados con el tema) se inició si mal no recuerdo en 2011, es fomentar la lectura en los espacios públicos y a través de mediadores de lectura, los usuarios tuvieran acceso a diversas actividades culturales como cuentacuentos, sesiones de lectura en voz alta, etc. A pesar de ello, de ser el Paralibros algo así como un escalón que lleve al lector primerizo o avanzado a la necesidad de querer leer otros títulos y termine siendo usuario frecuente de la biblioteca, el módulo lleva mucho tiempo sin nadie que lo atienda.
Hubo un tiempo en que los sábados por la mañana el Club de Lectura Infantil le dio vida y es verdad que una persona de la biblioteca colaboraba, mas terminando el ciclo del Club ya no se hizo nada más. Qué decir de las presentaciones literarias, Noches de Lectura y talleres con escritores que la sociedad organizada a través del Club de Lectura llevó a cabo, con el escaso o nulo apoyo de las autoridades.


A eso me refiero cuando escribo que el tema me genera sentimientos encontrados. Es decir, se muy bien –porque soy parte de ella- que como sociedad podemos hacer estas actividades sin necesidad de las autoridades. Somos tan capaces, ¿saben por qué? porque al hacerlo nos sentimos felices, porque nos apasiona y nos motiva; porque nos agrupamos y vinculamos con otros y otras que tienen el mismo interés y tejemos redes. Sin embargo, por otro lado, me recuerdo que es uno de tantos deberes y obligaciones que las autoridades tienen con la ciudadanía, el satisfacer las necesidades culturales y esto incluye el fomento a la lectura.

Me considero de las personas que creen de manera fehaciente, que no es bueno tener un gobierno paternalista, ni tampoco es bueno ser un pueblo que sólo extienda la mano para pedir sin proponer ni participar. Por eso como miembro de un grupo de la sociedad que se ha organizado, hicimos propuestas de actividades de fomento a la lectura para todo el municipio, a la presidenta municipal –mediante una entrevista con ella, al inicio de la administración-. Nos ofrecimos a trabajar en conjunto.

Pero… ni las propuestas ni los deseos de colaborar tuvieron eco.

A pesar de eso ni yo, ni las promotoras y promotores de lectura, ni los maestros que lo hacen en sus escuelas y que vivimos a lo largo y ancho del municipio, hemos claudicado en nuestro deseo de seguir haciendo lo que nos gusta en nuestro tiempo libre. Porque además somos parte de la ciudadanía que trabaja, algunas de las personas son empresarios, otras servidoras públicas, otras nos desempeñamos en el campo de la salud. Pagamos impuestos, cumplimos con nuestras familias y no sólo nos damos, sino que buscamos el tiempo para aportar algo más, un extra.

Todos los días pienso que México nos necesita, necesita a mucha gente extraordinaria. Que exijamos que nuestros derechos se garanticen y cumplan, si, no obstante, que también aportemos ideas y trabajo.

Siempre que tengo oportunidad lo digo, ahora lo escribo; la lectura no es la panacea para cambiar al país, en cambio, si es el medio para generar la conciencia del cambio. De un México corrupto a uno honesto, cambiar a un México más igualitario, sin fuga de talentos, sin muertes en el desierto o ahogados en el Río Colorado. Sin feminicidios.

Un cambio por un México libre del yugo de políticos que sólo nos pisotean sin que nos indignemos ni rebelemos.


“Quien piense que es más importante comer que leer está aceptando una degradación del ser humano.” Alberto Manguel.

domingo, 15 de julio de 2018

La Vendedora De Libros. Más que una librería.



Hace doce años que me inicié como lectora. Desde entonces le encontré otro sentido a mis días. Hace escasos doce años descubrí en los libros y su lectura un amor, otro, entre todos los que hoy tengo. 
Conforme he ido conociendo y desarrollando en este ámbito de la promoción de la lectura, mis actitudes, perspectivas, maneras de pensar, gustos y hasta sueños,  cambiaron;  por la lectura per se y por las personas que he conocido en el andar por el vasto camino de los libros.  Y esto poco a poco terminó por sembrar en mí un anhelo, un sueño que lentamente ha ido tomando forma. 

Es cierto lo importante que es no desistir y esforzarse por lograr lo que se desea, no obstante, de igual manera son importantes las personas con las que se decide compartir ese sueño, ya que depende de  ello que esa energía se multiplique, las ideas se enriquezcan y el trabajo se comparta.
En mi caso el trabajo como promotora cultural me dio la oportunidad de conocer a la persona que ahora es, además de mejor amigo y compañero de vida, con la que comparto actividades de fomento a la lectura y las artes y uno de los proyectos personales más importantes, proyecto que se volvió un deseo mutuo. Este es ahora un lazo -otro- intangible que alimenta y fortalece nuestra relación.  

Con La Vendedora De Libros no sólo pretendemos que la comunidad compre libros, que bien sabemos ha sido y es una necesidad apremiante, un gusto que los lectores no tuvieron por mucho tiempo donde satisfacer; literatura de todos los géneros, de importantes y reconocidas editoriales a precios muy accesibles. A la par, ofrecemos a  los turistas la oportunidad de elegir y adquirir una gran variedad de objetos y detalles que los artesanos locales y de todo el municipio producen, y que hasta ahora poco se difunde y conoce.
La mayoría de estos artesanos  empiezan a dar a conocer su trabajo que es magnífico, por minucioso, por detallado, por el material mismo del que están hechas sus piezas. Artesanos a los que todos debemos apoyar y qué mejor forma  en nuestro caso, promoviendo y  ofreciendo sus bellas y únicas joyas artesanales.  

Deseamos también proporcionar información –sobre todo a los turistas- de algunos de los diversos sitios y actividades que se pueden visitar y realizar desde Mulegé pueblo hasta Guerrero Negro. 

Estamos trabajando para llegar a ser un referente cultural y turístico. El corazón latiente de un pueblo que se ha negado a morir. El centro de reunión de lectores y amantes del arte y la ciencia. Un lugar indispensable de conocer  por todas las personas que visiten nuestro bello pueblo.

Sin embargo además de todo esto, no queremos dejar de lado el fomento a la lectura y las artes. Seguimos comprometidos con ello. Por tal motivo hemos empezado a abrir las puertas de nuestro espacio a importantísimos proyectos que miembros de la sociedad civil de otros Estados -y el propio- o comunidades  realizan con enorme gusto. 

Por ejemplo:  el pasado 4 de julio tuvimos el gusto de recibir a nuestro amigos de Ja´tay, Circunavegación de la Península de Baja California. Ellos son Chino, Kiko y Tati, alias Raúl Gutiérrez, Federico Kellenberger y Francisco Detrell. Los cuales imparten charlas sobre la importancia de conservar nuestro patrimonio natural y cultural. Y como ellos mismo dicen, “es esencial para sensibilizar y adquirir identidad, no únicamente como bajacalifornianos, sino como seres humanos conscientes.”
Acompañan sus charlas de fotografías e increíbles y casi siempre divertidas anécdotas  de sus recorridos.  



Otra más fue el 11 de julio, tuvimos al profesor (Maestro en Ciencias)  en el área de Sistemas computacionales de la UABCS, Miguel Ángel Norzagaray Cosio, miembro fundador de la Sociedad Astronómica Mira.  Él nos compartió su interesante conferencia titulada, “Búsqueda de vida extraterrestre”.



Es muy importante para La Vendedora De Libros apoyar la divulgación de este tipo de temas que incluyan ciencia, ya que #LaCienciaTambiénEsCultura. Por ello todas nuestras actividades están abiertas al público de todas las edades y no tienen ningún costo. 

Y así con estos dos eventos, iniciamos una seria de actividades de fomento a la lectura, las artes y la ciencia, que son tan importantes como la venta de literatura y artesanías.
Poco a poco estaremos programando más actividades y haciéndolas del conocimiento de la comunidad, entre más asistan más provecho obtenemos todos. 

La Vendedora De Libros es una pequeña empresa familiar que atendemos con mucho gusto y cariño.  Donde nos esforzamos por promover otros aspectos importantes para conservar saludable nuestro entorno, como lo es evitar el uso de plásticos –bolsas, vasos, popotes, etc.-  Utilizar madera de reciclaje para la elaboración de nuestros módulos y mobiliario, por mencionar algunos.

Aunque nos falta mucho por hacer, todos los días abrimos nuestras puertas deseando poder aportar algo bueno a la comunidad.  

Así, La Vendedora De Libros pasa a ser junto con el resto de los comercios de Santa Rosalía,  parte importante del Centro Histórico, tan atractivo para propios y extraños. Tan único por su historia y personajes que lo habitan.

"Cualquier librería independiente que ha logrado sobrevivir es mejor lugar para hacer una lectura."

Ruth Ozeki



domingo, 8 de julio de 2018

La carrera de la vida


"Y me esforcé en aislarme y en reducir todo lo posible el mundo que percibía en esos momentos."  (De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami).

Hoy escribo y les comparto mi experiencia como corredora, cuáles son mis pensamientos, qué veo y siento cuando recorro esos kilómetros que pueden considerarse muchos o pocos, dependiendo de quien me lea.

Me inicié hace ocho años más o menos, cuando conviví con alguien que corría. Veía a esa persona correr mientras yo sólo caminaba rápido varios metros atrás de ella. Sin embargo, me entraban unas ganas terribles de echar a correr, que un día así nomás, me atreví a hacerlo y empecé a trotar. Ese día descubrí una de mis grandes pasiones y de las más maravillosas sensaciones.

En muchas ocasiones cuando veo a otras personas correr, me cuestiono cuáles podrán ser sus pensamientos, en ninguna de ellas me he atrevido a preguntar, porque me parece una cuestión muy íntima. Necesitaría tener mucha confianza con la otra persona para hacerlo. Nadie tampoco me lo ha preguntado. 

Corro de tres a cuatro veces por semana. Al principio lo hice en la pista, luego en el campo de beisbol de la unidad deportiva y ahora lo hago en el andador y en ocasiones por el centro del pueblo. Llego a hacer hasta siete kilómetros que me saben a cuarenta y dos. Hasta ahora es mi mayor logro, aunque desearía poder llegar a los diez.

Hubo un tiempo que tuve que parar porque me lesioné la rodilla izquierda por excederme en el entrenamiento y no descansar ni un solo día. Todos los días durante dos semanas estuve corriendo de seis a siete kilómetros. Entonces no me explicaba esos piquetes y punzadas en las piernas, una especie de descargas eléctricas. Además del dolor que se agudizaba por las noches y que cedía un poco con analgésicos. Bueno, hasta que me vi forzada a ir a consulta médica, me dijo el doctor que sufría de tendinitis  -de la rodilla- y que el resto de las molestias eran por el exceso de ejercicio. Así que tuve que resignarme a parar casi seis semanas, recibir fisioterapia y continuar con antiinflamatorios y analgésicos, para poder restablecerme (todavía hay momentos en que me duele si el esfuerzo o la distancia es más intenso o larga de lo habitual).

Pero bueno, ¿qué es lo que pienso cuando corro? Esa es la pregunta que quiero responderles a ustedes que me leen, aunque no me lo hayan preguntado. 

Cuando corro me formulo preguntas sobre situaciones o cosas que veo al avanzar. Por ejemplo: ¿por qué las personas no depositan la basura en los contenedores? A lo largo del andador hay varios, aún así, prefieren tirar su basura en la banqueta o jardineras (latas y botellas de cerveza, vasos y platos de unicel, bolsas de plástico) que cuando hace viento van a dar al mar. 
Sería tan fácil mantener nuestros espacios limpios...

Encuentro además muchos perros sin dueño, famélicos a leguas y sedientos no sólo por falta de agua sino también por un poco de afecto. Hembras que es obvio  tienen poco de haber parido; quien sabe donde estén sus cachorros que con seguridad en un par de meses multiplicarán el número de perros sin hogar. 
Si tuviésemos todos la cultura de la adopción y esterilización canina...

Descubro cada mañana a algún hombre o mujer tirados o deambulando en las playas negras en estados deplorables, no sé si de ebriedad o drogadicción perpetuos, en apariencia perturbados de sus facultades mentales. Alguno de ellos sin evidenciar pudor, defeca al aire libre. Todas estas personas comparten una característica en común: están olvidadas y marginadas por la sociedad. Ignoradas. Les pasamos de lado y de largo aguantando la respiración para que su hediondez no perturbe nuestro sentido del olfato. 
Si fuésemos más empáticos...

Coincido casi todos los días con una joven señora acompañada de cuatro niños que deduzco son sus hijos y cuyas edades oscilan entre los diez y tres años. Siempre van de prisa, casi corriendo, supongo para que no se les haga tarde para llegar a la escuela. La veo y trato de imaginar su vida, su rutina, sus carencias y deseos. La dejo atrás.

Me encuentro a una pareja que camina tomada de la mano. Hablan entre ellos y se sonríen, contándose no sé que cosas. Tal vez planeen una vida juntos mientras observan el horizonte y al sol asomarse. 
Se ven felices y llenos de esperanza.

Llego al Chute, un pedazo de historia que sigue resistiendo el paso del tiempo ante la mirada indiferente de un pueblo entero. Qué decir de la estructura de la antigua fundición, refugio de indigentes. Cuanta historia desperdiciada, dejada al olvido. 

Conforme avanzo por la avenida Obregón, me llega un delicioso aroma a pan recién hecho; estoy pasando frente a la tradicional panadería El Boleo. Cómo me gustaría detenerme a comprar una concha o una pitaya, pero tengo que continuar y además no llevo dinero.

Sigo, sigo hasta dar vuelta a la izquierda por calle once. Allí se ubica la cafetería Café Boleriano. Verla me hace recordar a una mujer que espera su primera hija. Una mujer  que además de inteligente, sensible y trabajadora, me demostró una enorme sororidad en tiempos complicados para mí, cuando apenas y nos conocíamos. Eso lo valoro, agradezco y agradeceré siempre. Se llama Sandra Márquez.

Ya de bajada, transitando por la Constitución y con toda la viada, mi carrera se hace más ágil y mi respiración menos dificultosa. Paso frente al pequeño negocio Romo, donde todas las mañanas se ve concurrido por  personas que llegan por café y empanadas de dulce o de carne, burritos de machaca u otras cosas que ahí se venden. Hace meses que descubrí su ubicación y me gustó mucho porque tiene algo de nostálgico, de pueblerino, algo muy de cachanía. 

Y bien, poco a poco me acerco a calle tres, donde decenas de espíritus literarios me cierran el paso. Allí el corazón de Santa Rosalía, late. Es allí el nuevo centro de encuentro de lectores de la comunidad. Es allí donde se ubica desde hace algunos meses la librería La vendedora de libros. Volteo a ver su fachada y sonrío al saber convencida que los sueños sí se pueden llegar a hacer realidad. Esa es la más fehaciente prueba. Me siento muy contenta de haberlo logrado. 
Porque leer nos da sueños...

Unos pocos pasos más adelante está la plaza y palacio municipal. De allí también emanan espíritus pero de otra estirpe, de los que se han burlado del pueblo, Espíritus de las personas que se dedicaron a saquearlo, a llenar sus arcas personales con el dinero que nos pertenecía. Entristezco por eso y porque formo parte de un pueblo aletargado que poco o nada ha hecho para revelarse ante tanta corrupción. 

Y casi para finalizar mi carrera, observo el bello -por fuera por su estructura y dentro por su contenido- edificio histórico que ocupa la Biblioteca Regional Mahatma Gandhi. Allí los espíritus literarios no duermen, pululan incesantes en espera de lectores que los lleven a sus casas o los lean ahí mismo. Espíritus que no pierden la esperanza de ser acariciados, olfateados, valorados, pero sobre todas las cosas, leídos.

Todos estos pensamientos transcurren por mi cabeza mientras mis piernas me llevan a veces con mucho esfuerzo, otras no tanto a finalizar mi recorrido. Pero por poco olvido escribirles que también pienso en el amor. En lo sencillo que es y lo complicado que se vuelve, o lo volvemos, o lo vuelvo, o las tres cosas. En lo feliz que me siento -por sentirlo- la mayoría de las veces. Aunque mentiría si no acepto que en algunas ocasiones también él ha sido culpable de que me sienta triste y decepcionada. 

Pienso con mucha frecuencia en todo lo que la vida me da. Lo pienso sobre todo al ver mi  mar tan majestuoso, al ver salir el sol y sentir su calidez. Al caminar solitaria por las playas negras, al estar sentada sobre una roca y escuchar la melodía que provoca el agitar de las  al revolver las piedras. Me siento tan afortunada y por ello agradezco. 

Por fin me detengo ya de regreso en el andador, donde camino unos pocos metros más. Estiro, me hidrato y una vez recuperada regreso a casa para disponerme a empezar otra carrera.
La incesante carrera de la vida...

 "Sin embargo, poco después de dejar de correr, todo lo que he sufrido y todo lo miserable que me he sentido se me olvidan, como si jamás hubieran sucedido, y ya vuelvo a estar decidido a hacerlo mejor la próxima vez." (Haruki Murakami)


Lectura sugerida: De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami.

martes, 26 de junio de 2018

Justicia divina vs. justicia humana



¿Quién va ganando en este marcador? ¿Quién, cuando hablamos de  acoso y/o abuso sexual en menores de edad dentro de la Iglesia? 

Todos los días y por todos los medios de comunicación nos enteramos de este tipo de noticias. Cada vez que yo lo hago, siento que la sangre me hierve y la rabia ocupa cada espacio de mi persona. 
¿Por qué? Me pregunto. ¿Por qué este tipo de delitos proviene en su mayoría de las personas en que más confía la víctima?
Dentro del contexto religioso, específicamente de la iglesia católica, ¿no son ellos, los sacerdotes, quienes son pastores encargados de guiar espiritualmente a su rebaño-comunidad? ¿No son ellos en quienes la mayor parte de una comunidad pone toda su confianza? ¿En quienes cada hombre, mujer, joven, niño y niña ve a un padre, un hijo, un hermano, un amigo? ¿No son ellos los elegidos o los que eligieron, aceptaron, hablar, divulgar la palabra de Dios bajo ciertas normas? ¿Otorgar el perdón de Dios a través de un sacramento? ¿Guiar por el camino del bien a sus fieles? ¿No es la población creyente quien les confía a su juventud y niñez dejándolos que se acerquen a ellos –a los sacerdotes-?

Maldita sea, si, maldita sea el momento en que por la fe, una madre o un padre de familia deja a sus hijos expuestos, desprotegidos ante un hombre que viste sotana, que dice plegarias, que oficia una misa, consagra una oblea y ofrece la hostia convertida en el cuerpo y la sangre de Cristo, porque en muchos casos ese hombre se vale precisamente de eso  para lastimar, dañar y transgredir psicológica y físicamente a un menor de edad indefenso, en desventaja. Un menor que lo respeta, lo admira y por qué no, puede en determinado momento desear llegar a ser como él, un servidor de Dios.

De cuántos casos no sabemos, pero, ¿y de los que no? ¿Qué pasa con aquellos jóvenes y niños que se callan por sentirse amenazados, avergonzados? ¿Por sentir miedo a que su mamá y papá no les crean? ¿Qué pasa con ellos que son víctimas y todavía tienen que acudir cada domingo –obligados- a escuchar un sermón que habla del amor al prójimo? De poner la otro mejilla si es necesario. De perdonar hasta setenta veces siete.
¿Qué sucede con esos hombres de Dios que se sienten protegidos por su investidura y por el lugar que la comunidad católica les confiere? Con esos que con seguridad  piensan y creen que arrepentirse ante la ley divina es suficiente, que al rezar padres nuestros y aves Marías  expían sus culpas.
Hombres de Dios que seguros están que al confesar sus pecados con un igual, hacer su penitencia y comer el cuerpo de Cristo, con eso, con eso también resarcen el daño que hicieron a su víctima.  

¿Nadie las ha dicho que existe la justicia humana y que como seres humanos deben ser juzgados? O peor aún, ¿lo saben y no les importa?

Trasladarlos a otra comunidad –como en algunos casos sólo se hace- no es la solución, sépanselo. Porque entonces se pone en peligro a otros menores y por lo tanto de alguna forma las autoridades eclesiásticas los están encubriendo y solapando. Tampoco lo es, retirarlos de su ministerio. 

No nos hagamos de la vista gorda, ni creamos que nuestra comunidad puede estar exenta, no lo veamos como algo remoto e imposible. Nunca digamos nunca, ni jamás pasará. No seamos tan confiados.

No dejemos que estos hombres de Dios sigan aprovechándose de la fe, manipulando a su antojo. Ni aquí ni en ninguna parte. No esperemos que nos pase o le pase a una persona cercana a nosotros o de la comunidad para tomar esta lucha como propia.  Si ellos, los victimarios, no se tocan el corazón para lastimar, así pidan perdón de rodillas y lloren, deben, por el bien de muchos, sujetarse a la ley y justicia humana.

Hace un tiempo atrás yo me dije y sentí católica. Conviví, confié y quise a varios sacerdotes con los que junto con mi familia tuve una estrecha relación. De ninguno de esos sacerdotes puedo hablar mal, porque nunca supe que hicieran nada incorrecto, todo lo contrario, los recuerdo con el más profundo cariño y afecto. Me crié y eduqué dentro de una familia creyente y tradicional. Muchos años estuve inmersa en ese ambiente, pero bueno, ahora no creo serlo o ya no me siento parte de esa comunidad que me da la impresión que excluye y juzga en lugar de incluir y aceptar. Una iglesia que a través de la administración del terror desea ganar adeptos, fieles y caso contrario, aleja. Con esto quiero decir que no todos son iguales, pero si los hay y muchos. 

Muchas personas que nunca han estado dentro de la Iglesia o las que nos hemos retirado, podemos ser objeto de críticas, sin embargo, sépanlo también, hacemos tantas cosas buenas, muchas; en nuestra casa, comunidad, en el país entero y, si no hacemos tanto, al menos no andamos por la vida aprovechándonos de los pequeños.

Yo y mucha gente más, no estamos dispuestas a solapar, a ser cómplices, a otorgar perdón a un ser humano que trasgreda la fragilidad psicológica y física de cualquier joven o niño, todo porque cree que su aura religiosa y su escudo de fe, lo exoneran de enfrentar la justicia, no la divina, esa será si la hay, en su juicio final, sino la de los seres humanos, la civil, la penal. 

Todo esto que escribo viene a colación por algunas notas recientes que he estado leyendo al navegar en internet. En su mayoría son varones los afectados, por eso me refiero sólo a ellos. Ocurre en muchos, muchos lugares del mundo y los victimarios son también en la mayor parte de los casos, personas tan cercanas a las víctimas. Desde religiosos del más “alto rango” hasta el más bajo. Y seguro que nadie, nadie se imaginó lo que podría pasar, lo que estos hombres de Dios serían capaces de hacer con la inocencia y confianza que esos chicos y su papá y mamá les entregaron.

No está de más vivir alertas. Enseñar a nuestros hijos e hijas a cuidarse. A infundirles confianza para que nos cuenten lo que les pasa. Confiar en ellos, en lo que nos dicen. Y por supuesto, no dejar impune cualquier acto que sea considerado por la ley humana un delito.


"Obedeced a nuestros pastores y sujetaos (a ellos), porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta."






lunes, 15 de enero de 2018

Dreaming

     
Fue un cálido verano, una sofocante tarde que me sorprendí al verlo plantado sin aviso en la puerta de mi casa, con un regalo entre sus manos y su sonrisa de niño.
El regalo resultó ser un perfume de fragancia exquisita, de aroma dulce, tan dulce como el olor a mandarinas que tanto me gusta.
Dijo que me lo traía de su viaje a no sé que isla del Caribe. 
Porque si algo le gustaba era recorrer el mundo. Su espíritu aventurero lo llevó a visitar los lugares más prístinos e increíbles que pueden existir y cada vez que regresaba de alguno de ellos, me contaba con pelos y señales lo que había visto y comido, las personas con quienes había hablado; fue mi Sherezada versión hombre.

Recuerdo que me lo entregó en una pequeña bolsa de papel reciclable, con diminutas figuras de orquídeas de un intenso color naranja –como las mandarinas- pintadas en acuarela. Cuando lo extraje y leí su nombre grabado en el frasco, supe que era una premonición, una sentencia que el destino se encargaría de hacer valer.

Mientras tanto, lo usé con frecuencia. Me gustaba que los besos que él me daba tuvieran  sabor a esa fragancia, que yo aplicaba meticulosa y deliberadamente en mi cuello o detrás de los lóbulos de las orejas, para que sus labios de ahí la tomaran y la depositaran segundos más tarde en los míos. Así al final de la noche, mañana o tarde, dependiendo de lo que nuestras ansias dictaran, ese mismo sabor terminara impregnado en él, en cada parte de su cuerpo.

Tras la separación que ineludiblemente se dio meses después, el perfume quedó arrinconado como un libro que ya se leyó y no se es capaz de regalar o compartir. En espera de ser abierto.

Hasta hoy el frasco permanece casi lleno y solitario sobre una de las repisas del tocador. Paciente aguarda que su fragancia vuelva a ser parte de mi misma piel aunque la posean otros labios.

En ocasiones, guiada por un desconocido ímpetu, lo tomo; es así y sólo así, cuando con rigurosa delicadeza acerco el frasco a mi olfato, cierro los ojos y aspiro profundo. En automático, como rayo que cae sobre tierra mojada, una especie de descarga eléctrica me alcanza, invade y quema. Un sin fin de inefables sensaciones y profundos recuerdos emergen desde no sé qué rincones de mi cuerpo y mente. La sangre me hierve, mis poros se abren, la piel se me eriza. El aroma –o su recuerdo- me paraliza. 

Sin embargo todo acaba al abrir los ojos, cuando escucho el maullar de un par de gatos en celo rompiendo el silencio de la habitación en penumbras, iluminada sólo por la lámpara junto a mi sillón preferido y una pequeña mesa donde yace un libro aún inconcluso.

El tiempo se reanuda, la vida empieza otra vez su cotidiano ritmo. 
Mi cuerpo tarda unos instantes en adaptarse. Entonces dejo el frasco en su acostumbrado sitio. 
Vuelvo a sentarme. Tomo mi libro. Continuo leyendo. También soñando.



Imagen tomada de internet.






domingo, 14 de enero de 2018

Víscera hueca



Te quedaste

en la capa interna

de éste corazón

acelerado,

en la más íntima

y bohemia

 

donde

se aglomera

tu nombre

que no dejo de repetir

por las noches

 

que irriga y nutre

por el recuerdo

de tu saliva

a ésta

víscera hueca

nunca antes 

tan cierta

 

insistente

tu esencia

recorre

mi ansioso

trémulo

y abandonado

cuerpo

 

este círculo vicioso

                  virtuoso

                  culposo

termina siempre

en su punto de origen

 

la capa más íntima

de éste afligido

y dolorido corazón

no hace otra cosa

que latir por ti mientras te espera.



"Y fue tan cuerpo que fue puro espíritu" Clarice Lispector