viernes, 30 de agosto de 2019

Dos polos



Escribo mientras escucho por décima vez consecutiva a Evanescense y su tristísima canción My Immortal. La escucho a todo volumen y siento cómo sus notas retumban en mi pecho y mis manos tiemblan. ¿Por qué hago esto?, ¿por qué escucho esta canción que me entristece más, tantas y tantas veces? ¿Qué tiene su melodía que la traigo incrustada en el pensamiento? 

Retomo mi deseo de poder controlar esto que me carcome y consume poco a poco. Un sentimiento inexplicable que me rebasa y domina me hace huir de los demás para buscar refugio en la soledad de mí misma. Ojalá pudieras entenderlo, entenderme, y dejar de lanzar tus dardos que me abren heridas. No soy quién para dominar lo que siento, es más, no puedo. Siento que es más fácil para ti, huir a pesar de la lejanía, para no ser tocado, para salir bien librado. No es algo que se contagie, no debería preocuparte.  

Ardo en la hoguera de la suave melancolía y, en los destellos de lucidez, entiendo que no es fácil aceptar vivir con una persona como yo, vaya, que vive entre dos polos. 
Busco consuelo en el mar –no es de extrañarse-. De tanto verlo tengo la esperanza de poder ahogar en él lo que me ahoga. Quisiera visitar su profundidad y sacudirme tantas emociones contenidas a la fuerza de tus reproches. En la superficie el aire está enrarecido. 
En la confusión mi aliento busca el tuyo. Llueve soledad. Tiembla abandono. Huele a tristeza.  

Durante el día camino por las calles de un lugar tan pequeño y asfixiante. Reniego de esa misma pequeñez que  en otros momentos me ha cobijado. Soy fantasma que recorre avenidas y callejones con el corazón apretujado en mi mano izquierda, llevando una estela roja brillante tras de mí. 

El día es interminable. 

Espero la noche, es lo poco que me anima. Porque es la noche quien me abraza y consuela, Es ella, la noche mujer que me entiende y llora conmigo; con su silencio y quietud seca mi llanto. Con su paz ahuyenta mis temores. 
No hay otros brazos, ni otra voz, solas estamos la noche y yo.  
El que me vence es el cansancio, el hastío y la decepción. Aún así, a pesar de tanto peso, pequeñas convulsiones interrumpen mi sueño, y en cada una recuerdo que en esta tormenta estoy sola.  Tu barca yace bajo el sol resplandeciente,  movida por la brisa fresca, donde navegas sonriente.  

Termino de escribir. De escribirle al viento a través de las redes, en una especie de catarsis. 


Patricia Valenzuela


"Me he ido a dar un paseo a la playa,
  ha llovido como si le hubieran roto el corazón al cielo
  y he comprendido
  que uno es de donde llora pero siempre
  querrá ir a donde ríe".

 #ElviraSastre

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