miércoles, 3 de abril de 2019

Indeleble Tinta Negra


Pensamientos delineados
al filo de la vorágine
Dolor inscrito en un par de letras
-sin significado-
invade las cuerdas vocales
que no tienen voz ni grito
mientras las diminutas pulsiones de melancolía
se contienen en contradictorio enjambre
dejándose devorar por células rojas 
que buscan desembocadura 
Paredes en colapso se besan
agónica y armoniosamente 
Brillo clavado en mi mano derecha
la Libélula indeleble de tinta negra 
vuela alto


miércoles, 27 de marzo de 2019

Terapia de rescate



Hay que pagar por apagar el dolor.
Me siento en el sillón y
entrelazo mis manos frías y sudorosas
para atropelladamente y a bocajarro
dejar que las palabras salgan,
el llanto encuentre su cauce.
Mientras mi interlocutora muy amable
me mira en silencio
desde el otro extremo de la habitación,
podría decir que compasiva, lastimosamente.
Yo termino de partirme,
de fracturarme en mil pedazos.
Mi carne y mis huesos
mi sangre y pensamientos explotan.
Vomito dolor.
Escupo decepción.
Transpiro miedo.
Sin embargo,
no me preocupa secar mis lágrimas
que tienen el mismo sabor del sudor
que pruebo cuando corro o hago el amor.
Ella me ofrece un pañuelo que tomo y no uso.
Respiro profundo y exhalo
para seguir volcando el verborréico monólogo
en ella que escucha la frustración que me aniquila.
Si, hay que pagar por sesenta minutos de calma,
de serenidad.
Por dos oídos atentos.
Por palabras de aliento.
Por un abrazo al finalizar la conversación.
Abrazo que me anima a salir y enfrentar
de nuevo el aplastante mundo
que me asfixia.


miércoles, 30 de enero de 2019

#SenderistasMulegé


El municipio de Mulegé posee paisajes espectaculares, lugares todavía prístinos que el ser humano no ha podido llegar a “tocar”.  Es también –el municipio- parte de la comunidad sudcaliforniana que no termina de aprovechar por completo todo su potencial turístico. 
Todos sabemos de la gran importancia y derrama económica que deja la temporada de avistamiento de ballenas, los recorridos disponibles para conocer una de las salineras más grandes del mundo; el maravilloso arte rupestre resguardado en el corazón de la imponente sierra de San Francisco. Y así, sitios icónicos por demás conocidos, lugares que todas aquellas personas que se jacten de amar el mundo deben o deberían ya haber visitado. Y por supuesto, recomendado ampliamente. No obstante, nuestro municipio tiene entrañas todavía más profundas e íntimas que vibran silentes a la espera que el ojo del ser humano las posea. Áreas estériles, impolutas. Venas y arterias áridas, húmedas, contráctiles, siempre con vida.  
Ante esto, un grupo de personas interesadas en impulsar el turismo alternativo en todo el municipio, hombres y mujeres pertenecientes a las Direcciones de Turismo y del Deporte municipal y estatal, organizaron el primer curso taller de senderismo, aquí en Santa Rosalía.
  
Desde que supe del curso me atrajo la idea de participar; soy amante de recorrer y conocer los rincones más escondidos no sólo del Estado, sino del país completo, y creo que hacerlo de una manera segura y correcta es primordial para disfrutarlo aún más. 

Pues bueno, me inscribí y pasé a formar parte de las más de 30 personas que conformamos el grupo y que recibimos aproximadamente quince horas de teoría, que incluyeron temas por demás interesantes e importantísimos, algunos de ellos fueron fundamentos y conceptos prácticos del senderismo, su relación e impacto con el medio ambiente, seguridad, tipo de material y equipo adecuado e impacto socioeconómico. Expuestos de una manera sencilla y sobre todo práctica. 
Me gustó mucho la relación que todas las personas que asistimos establecimos con el instructor cuya experiencia es vasta y profesional. Cada una de nosotras aportamos algo al compartir  las experiencias de nuestro andar por los senderos  que de manera “empírica” hemos recorrido. 
Fuimos un grupo diverso, mujeres y hombres,  adultos y jóvenes entusiastas con una amplia visión para emprender nuevos proyectos, y que nos quedamos  con las ganas de más, mucho más por querer aprender.  

Pero el culmen del curso fue el domingo dedicado a la práctica de campo.  

La aventura inició a las seis de la mañana en las oficinas de Desarrollo Social, de donde partimos en una caravana de autos hacia el restaurante que se ubica en el complejo volcánico Las Tres Vírgenes, a 30 kilómetros de aquí.  Algunos desayunamos ahí, otros prefirieron pedir sus burritos para llevar y comer durante la jornada. Quien conoce el lugar podrá imaginarse el maravilloso espectáculo de ver al volcán la Virgen iluminándose por los primeros rayos del sol. El luminoso y tierno manto cayendo cálidamente sobre ella -¿o él?- –la Virgen- que se mantuvo altiva y despectiva ante esas caricias. 



El clima que se mostró benévolo permitió disfrutar de tan esplendoroso momento y también por supuesto, tomarnos la clásica fotografía grupal con sendas constancias en mano.  

Una vez que nos adentramos en vehículo quince kilómetros más, pudimos entonces iniciar nuestra travesía a pie. El cañón del Azufre nos abrió sus arterias para que lo recorriéramos.  El principio fue lento, sin embargo, poco a poco tomamos el ritmo del accidentado y pedregoso sendero, cuyo primeros metros  en descenso me hicieron ir con cuidado para no resbalar,  hasta que por fin topamos de frente con la entrada al cañón cuya magnificencia me empequeñeció.  

Me gustó algo que comentó Saúl –el instructor- justo antes de iniciar la caminata, porque coincidí con él; para mí, caminar cualquier sendero es un acto místico, porque lo tomo como oportunidad para la introspección y el análisis. Es la imperante e impostergable necesidad de conectarme con mi ser interior, con la ser humana frágil y vulnerable que se fortalece ante tan imponente paisaje. Es volver a repensar a esas personas que hace miles de años estuvieron ahí mismo viviendo la dura batalla de la vida en un mundo que para nadie más existía, mientras al otro lado del mundo la vida, esa misma, era ya bullicio. Por eso me gusta caminar en silencio y hasta un poco  en soledad. Disfruté la sensación de saberme  fusionada con el pasado, en especial con esas mujeres a las que imagino fuertes, recias, valientes  y amorosas. 
Me asombró observar las capas de estratos en las rocas; si tan solo supiera leer lo que en ellas se inscribe. Me impresionó sobremanera las diferentes tonalidades y texturas de las diversas formaciones rocosas, sus altitudes y sus formas, algunas tan caprichosas. 
Hay tanta información que me gustaría poder entender y retener, como por ejemplo esa gran cantidad de fósiles marinos incrustados en algunas rocas.  
De los momentos más mágicos fue justamente verme y saberme frente y dentro de la cueva de los fósiles. Tener en mis manos objetos de tanto valor histórico, no cualquiera.  Fascinante e inenarrable.


Caminar y caminar bajo un cielo nítido y claramente azulado, escuchar el eco de otras voces perderse en el infinito o llevadas por el viento hacia lugares todavía más inhóspitos y desconocidos, o engullidas por los espíritus de los guerreros, o por las almas inocentes y traviesas de niñas y niños que corrieron desnudos con los ojos entrecerrados mirando al Sol. Todo valió la pena. 
Observé restos de obsidiana, seguramente con la que fabricaron sus flechas y utilizaron para cazar y finalmente alimentarse para poder sobrevivir. 
Me dijeron que ese lugar es muy importante ya que fue la principal cantera de obsidiana de toda la península. 
Tengo  grabado de manera nítida el pequeño ojo de agua que encontramos a nuestro paso, la gran higuera, las zonas donde la ceniza cubre el suelo, el zalate cuya raíz emergía hegemónica de una  roca. Y bueno, las pinturas rupestres; una pequeña cueva donde observé figuras pequeñas -nada que ver con el gran mural en La Pintada, de San Francisco de la Sierra- en forma de animales –ballenas, quizá-, otras que me parecieron estrellas fugaces o medusas, otra langosta, no lo sé y algunas líneas que según mi apreciación forman las siluetas de los tres volcanes.


En fin, cada quien interpreta lo que quiere o lo que puede ver. Al final nuestras conclusiones son el  resultado de una extraña y ambigua combinación: conocimientos e imaginación. Según estos entonces, según los conjuguemos,  resultará lo extenso o corto de la historia que fabriquemos, que alimentemos o soñemos y eso no tiene comparación. El ejercicio de contar y compartir lo que pensamos, creemos y sentimos es el plus en este tipo de recorridos. 
Ese fue el punto de retorno, muchos en silencio debido al cansancio. Cinco horas de caminata empezaron a hacer mella en la conversación y en el andar que se tornó menos ávido, más parsimonioso. Mi paso fue un intentar digerir la carga de historia que emana de ese cañón y sus hermosos y sinuosos y místicos senderos. 
Regresar con el viento frío golpeándome el rostro, fue como si la naturaleza intentase volverme a la realidad. Con el cansancio dentro de mis botas, sobre mis hombros y espalda. Con la mente aturdida, algo semejante a haber vivido un revelador sueño ancestral. En el que desperté y volví a ver que los tres volcanes permanecían inmutables y solemnes  e igual de majestuosos.  

La Virgen, el Viejo y el Azufre: herencia de la naturaleza al romper la tierra.


Todas las personas que asistimos sabemos perfectamente qué instituciones hicieron posible este primer curso taller de senderismo, (Dirección de Turismo e INSUDE) sin embargo para mí, tuvo rostro de mujer. Una mujer que a pesar de tener poco tiene de conocer, admiro. Es líder, inteligente, entusiasta, visionaria, emprendedora, sorora. Este viaje  le constó caídas, torceduras y algunos incidentes más, que por fortuna no fueron graves (a menos que la Pega-pega no se le haya quitado ni con la lavadora). 
Agradezco con todo mi corazón a Verónica García, porque puso su alma para que este evento tuviera los mejores resultados, lo logró sin duda. 

Deseo que este sea el inicio de una serie de cursos para capacitar a todas las personas interesadas en hacer turismo alternativo en el municipio, para así darle una proyección diferente, más diversa a Mulegé.  Así turistas y locales podremos seguir conociendo los hermosos senderos que nos habitan y nos llevan a encontrarnos no únicamente con esa naturaleza, sino con otra parte de la propia, la que cada uno posee.
Que Mulegé se enriquezca también en cultura ambiental para poder hacernos más conscientes de los tesoros que nos rodean y de todo lo que debemos trabajar para ya no seguir lastimando su medio ambiente.

Gracias a todas las personas involucradas, espero que el sendero de la vida en algún momento nos vuelva a reunir.



Patricia Valenzuela Lugo
https://www.instagram.com/libelula_10/


“…sentí que mis pulmones se inflaban con la avalancha de escenarios: aire, montañas, árboles, personas. Pensé: esto es lo que es ser feliz.”  

De: Sylvia Plath (poeta estadounidense).

Lecturas sugeridas:

1.- Historia y arte de la Baja California, de María Teresa Uriarte.

2.- Pinturas rupestres, misiones y oasis de la península de Baja California, de Elizabeth Acosta            Mendía, María de la Luz Gutiérrez, Leonardo Varela Cabral. 




domingo, 30 de diciembre de 2018

Mis días del 2018


Cruzar el desierto  me parece un acto contemplativo y de introspección.

Mientras conduzco mi automóvil  a través de la transpeninsular y observo la naturaleza,  me es casi imposible -al compás de la música de Bach- rememorar  muchas de las cosas que hice este año que termina, a la vez que me cuesta controlar la avalancha emocional que cae sobre mí.
Algo muy bueno que pude lograr este año es tener una librería. Recuerdo cuando descubrí que el local donde ahora se ubica La vendedora de libros, se alquilaba. Fue un flechazo, amor a primera vista y si alguna duda tuve de iniciar con este proyecto, desapareció en el mismo instante  que vi el local vacío haciéndome un guiño con su gran ventanal  frontal.  De eso ya son diez meses y cada vez me siento más enamorada.
Realicé varios viajes: conocí San Francisco de la Sierra y su arte rupestre. Sentí la historia vibrando bajo mis pies, frente a mis ojos que se deslumbraron con sus colores. Escuché el canto de la Madre Tierra hablándome. Me reconocí  -otra vez- insignificante como una minúscula parte del cosmos. Por otro lado y todo lo contrario a la experiencia previa, regresé a Disneyland donde me sentí niña de nuevo y recordé las veces que en compañía de mi familia gocé de ese parque.
Visité por primera vez el zoológico de San Diego y el parque Balboa, del que me fascinaron sus museos, sobre todo el de arte.   
Escuché cantar en vivo a Siddartha, en Tijuana.                                                                                                   
Transité por el camino aún inconcluso que lleva, saliendo de Mexicali y pasando por San Felipe  y otras comunidades a la carretera transpeninsular, a la altura de laguna Chapala. Me maravillé con sus espectaculares vistas.                                                                                                                   
Anduve por los más hermosos rincones de México: Mazamitla –me enamoró- Jiquilpan, Jocotepec, Tlaquepaque y también Manzanillo, su centro y su playa. 
La ruta Rulfiana: Tapalpa, San Gabriel, Sayula  y la gran Comala; donde me envolvieron las voces de Juan Rulfo. Qué decir de su volcán de fuego.                                                                          
Por cuarta vez estuve en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara: ahí conocí en persona a Orhan Pamuk, Marcela Lagarde, Denise Dresser, Adriana Malvido, María Fernanda Ampuero, Omar López Cruz, George F. Smoot . Otra vez escuché a Lidya Cacho, Benito Taibo, Alberto Ruy Sánchez, Francisco Martín Moreno.  Abracé y platiqué con grandes amigos como Rodolfo Naró, Miguel Asa y Edgar Krauss. 
Escuché cantar en vivo a Lila Downs, en un concierto único.             
Reconocí al bello Tequila y otra vez al estrenado pueblo mágico de Tlaquepaque. Luego visité la gran ciudad de México: caminé por Chapultepec y la historia de su castillo. Estuve en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, la sala Nezahualcóyotl, donde escuché al trío Masky. La bella Bellas Artes y la magnífica exposición de Kandinsky. 
Me tocó estar en el zócalo y ser testigo de un momento histórico –nos guste o no- : la toma de posesión del nuevo Presidente de la  República. La plaza bullía.                                                           
Viaje en autobús a la ciudad de Puebla donde me maravillé con su biblioteca Palafoxiana y su comida típica. Cholula y sobre todo Atlixco, me dejaron con ganas de regresar y pasar más días, cautivada por la cercanía del Popocatépetl, de sus artesanías y de su plaza y callejones.                                                                                                                                                       
En la comunidad inicié el proyecto "Mujeres de Letras libres", dándome la oportunidad de conocer a grandes mujeres feministas, como Paola Arzate. Y de ese proyecto y sus actividades, intercambiar momentos, charlas, lecturas, proyecciones de cine, café, té,  con  mujeres de la comunidad con las que estoy  tejiendo una red de sororidad; a la vez que estrecho lazos con otras, en las distintas comunidades del municipio.                                                                                        
Participé en una actividad con el programa Alas y Raíces, invitada por Alma Joana, su directora. Reanudé proyectos que habían estado en pausa, como Cinema Providencia.                           
Pinté otra vez paredes en Cultura Urbana,  frases de mujeres escritoras.                                
Escribí y envié cartas, compré libros, leí sobre feminismo,  escribí, corrí como si se me fuese la vida en ello, con los brazos abiertos desafiando al viento. Bebí café, té y vino.                           
Hice el amor con todo mi amor y terminé con el corazón desbordado, con las ansias de continuar perpetuando esos instantes con él.
Comí pastel y muchas, muchas comidas hipercalóricas y todo lo disfruté sin culpa. Me tendí a los rayos del sol sobre la arena cálida, acariciada por las olas del mar. Obsequié regalos a las personas que amo simplemente porque las amo y eso me hace sentir feliz.       
Visité la tumba de mi padre y madre,  los extrañé y lloré otra vez.                                                       
Sin embargo, lo más importante fue que me ocupé de mí y con ayuda de una excelente profesionista, reconocí el por qué de mis emociones y trabajarlas me llevó a aclarar mis sentimientos y actitudes ante ciertas circunstancias. Me deshice de muchos miedos y sobre todo culpas que hasta ahora aligeran mi transitar por la vida y mejoraron la convivencia con las personas de mi entorno.  Aprendí que soy la única responsable de mis emociones y de lo que me permito sentir,  así como no lo soy de las emociones y sentimientos que se generen en otros.  
Confirmé  -y lo sigo haciendo-  que sólo queriéndome, amándome con todo lo que soy, sin avergonzarme de nada, puedo establecer relaciones sanas tanto con hombres y otras mujeres. Que la libertad y el amor en una pareja no tienen por  fuerza que firmarse, sencillamente esto se da y se demuestra. 
Hablar, es decir, comunicarse es uno de los principales cimientos para que todo sea menos complejo. 
Absolutamente, sí se puede amar a una sola persona y desear compartir la vida entera con ella. El verdadero amor se vive cada día. 
El amor de mi vida nació varios años después que yo  y  me ha dado en todos los contextos, mucho más que cualesquier  otro.                                                                                                         
Este año lloré, lloré mucho; en las lágrimas volqué mis dolores y ausencias, frustraciones y miedos, rabia e impotencia; mi tristeza.
Hoy me siento una mujer que si bien no  ha terminado de reconstruirse, sigue trabajando para sentir la vida de manera diferente; más tranquila, menos ansiosa. Más responsable de mi ser interno y más despreocupada por mi apariencia externa. Y aunque todavía me falta camino por andar… estoy viva y mientras respire seguiré sintiéndome orgullosa de ser esta mujer  cuyo corazón vibra al ritmo de la Madre Tierra.
Amo lo que la vida me dio estos 365 días: Alejandra, Patricia, Jorge. A mis mascotas: Brownie, Bombón y Caramelo. Y por supuesto a mi compañero de aventuras y desventuras: Edgardo Maya.

Gracias 2018. 

He llegado a mi destino.

jueves, 25 de octubre de 2018

Patricia, mi hija.


La recuerdo cantando muy bajito una canción de Adele. Cada una en su cuarto –ella y yo- en la quietud y silencio de la casa. Su voz tan dulce llega a mis oídos y me invade un sentimiento que no puedo describir, si, eso que se simplifica en inefable.  

Llegó casi recién entrado el siglo XXI,  después de haberla perdido un año antes. Su espera estuvo llena de sobresaltos; tanto, que me vi obligada a guardar reposo varias semanas para no adelantar su llegada, sin contar lo mal que la pasé las doce primeras a causa de la hiperemesis. Al final todo salió bien y mi pequeña Patricia vio la luz del mundo un cálido -a pesar que los árboles habían empezado a tirar sus hojas crujientes y doradas- lunes diecinueve, pasado el medio día. Si, noviembre la acogió jubiloso y con tibieza. El otoño la abrazó con su sol y sus vientos. El mar, rompió gustoso sus olas contra las rocas que sonrieron abrazándolo también. 
Mi niña hizo saber al mundo de su presencia con un llanto vigoroso, tan lleno de dulzura que todo lo conmovió. 
La vida abrió sus brazos para darle la bienvenida y yo con ella.  

Patricia, hace honor a su nombre. El significado bíblico según encontré, es: “Aquella que es noble”, y lo creí tal vez porque es justo así. 
Desde muy niña lo fue y ahora que es una joven de bachiller a punto de graduarse no ha cambiado. Su corazón es grande y más que palpitar, repica melodioso, con un tun, tun; tun, tun, contagioso, así como lo es su risa.

Recuerdo su cabello fino, negro y rizado recogido en dos coletas. ¿Dónde quedaron esos rizos? Por alguna razón desaparecieron, ahora su cabello es lacio y sin sus dos churos rizados danzando. Bailaba tanto, no sé porque ya no lo hace, tal vez por vergüenza ya que dice que no sabe. “Cómo vas a saber si nunca lo intentas”, le digo yo, más no sirve de nada, no logro convencerla para que se anime. Al menos no en mi presencia.

Sigue cantando bajito casi siempre en inglés y yo sigo disfrutando oírla. 

Es una joven fuerte aunque quizá no se ha dado cuenta. Es independiente porque ha aprendido a hacer tantas cosas. Tiene mucha facilidad para relacionarse con las personas. Es una muy buena compañía Es divertida y me gusta cuando ríe un poco avergonzada por las tonterías que digo y hago. Si supiera que muchas veces son sólo para simplemente eso, escucharla reír. Sobre todo cuando la siento distraída, un poco ausente, un poco triste. 
Porque no es tan  difícil darse cuenta cuando le pasa algo; su sonrisa desaparece y se torna meditabunda. Trato de respetar su silencio aunque me duela saberla así. En la adolescencia y juventud no hubo quien no pasara malos ratos debido a decepciones que más adelante y de manera retrospectiva aceptamos como tontas. Por lo pronto daría muchas cosas para poder evitárselas. Sin embargo, la vida exige también vivirlas para de alguna manera fortalecer el espíritu de quien las sufre. 
Más tarde, cuando veo que la pequeña tormenta ha pasado, pregunto y hablo, a veces en broma, otras con mucha seriedad pero siempre con la intención de ayudar. Ojalá sirva de algo. 

Patricia es una aliada.

Me gusta la espontaneidad con la que vive, cómo se toma la vida. Me gusta lo dedicada que es a pesar de aparentar que no. Me gusta y me preocupa su inocencia y falta de malicia, es decir, su exceso de confianza en las personas.

Ahora que se acerca cada vez más el día en que vaya a la universidad, el corazón se me apachurra y de sólo imaginar lo que será esta casa sin ella, me duele el alma y quisiera regresar el tiempo y abrazarla y retenerla y verla otra vez bailar y tocar sus rizos y llevarla de la mano por la calle y tantas cosas más. 

Patricia es una joven con un potencial enorme para llegar a ser lo que se proponga y lo hará, de eso no me cabe duda. Sólo deseo poder estar ahí celebrando juntas con el resto de la familia. Mientras ese día llega, estaré también para cuando lo necesite a través de un mensaje o de una llamada, cuando la presencia física de mi persona no pueda apapacharla. 

Quise escribir sobre ella, porque el tiempo se me ha venido encima y ahora la vida también está a punto de arrebatármela. Esa vida que le sonríe pícaramente para seducirla y animarla a que abra sus alas y pruebe volar sola. 
Mis manos tiemblan al escribir esto y mis ojos se anegan.
No quiero que se vaya.   

Mientras sigamos juntas aquí, de la casa al trabajo, del trabajo a la casa, vendiendo libros, disfrutando la playa, comiendo pastel y también pasta, enseñándola a conducir; disfrutaré de su presencia, de su charla y de su risa, más que nada. 



“Espero que mi hija crezca empoderada y no se defina por su aspecto, sino por las cualidades que hacen de ella una mujer inteligente, fuerte y responsable.”

Isaiah Mustafa

martes, 9 de octubre de 2018

La mujer que no soy


Dices que es difícil hablar conmigo, cuando sólo soy una mujer pensante que debate y cuestiona.
Que no sea "tan" feminista, cuando apenas estoy adentrándome en el tema. Cuando no soy ni la quinta parte de lo que quisiera poder ser.
Que no llore ni extrañe, que es de cobardes hacerlo; cuando para mí son actos de liberación y amor.
Que soy efímera, cuando permanezco a tu la lado por voluntad propia.
Dices que soy amante, como si por eso tuviera que sentirme avergonzada. Si supieras que he sido, soy y lo seguiré siendo. Nadie me obliga, es un placer libremente elegido.
Que grito,  sin embargo; no has  logrado entender que es sólo el énfasis que le doy a mis palabras; impotencia y desesperación que brotan incontrolables de mi boca para hacerme escuchar y entender por ti. No, no soy una loca.
Que no escriba; cómo, si de eso depende mi equilibrio. Las letras son el cauce por el cual desfogo mis emociones, frustraciones y anhelos.
Dices que me odias y que no me aguantas; para esto no tengo palabras.

Definitivamente no soy mejor que nadie. Lo que si es cierto, es que estoy en el camino del aprendizaje. Aprender a identificar y encausar mis emociones de la manera más adecuada, menos nociva. Buscarme y lograr encontrarme y reconocerme. Estoy en eso.

En ese camino he decidido que quiero seguir siendo la mujer que piensa, que rebate, que no se calla. La que llora y extraña, en fin, una cobarde.
La amante que a pesar de sentirse efímera no se rinde, todo lo contrario. Sigo buscando motivos y argumentos para preservar el amor que se me ofrece y al cual correspondo. Que presiento o siento. Hasta que la sensatez diga ya basta.

Quiero seguir hablando con pasión aunque para eso tenga que elevar el tono de mi voz.
Escribir sin reservas, sin temor a ser enjuiciada por las personas que me conocen y saben lo que siento y como lo siento y expreso.
No todo es personal.
Deseo seguir haciendo cambios en mí para generar cambios en otros, en mis más cercanos –si lo quieren y aceptan-.

Soy la mujer que no quiere ni acepta seguir deteniéndose a dar explicaciones. A conciliar nimiedades, ni absurdos. A continuar defendiéndome –irónicamente- de los embates  -conscientes o inconscientes- que las personas que más quiero a veces me propinan.

No quiero -ni acepto- seguir pidiendo ni esperando lo que no se me está dispuesto a dar sin reclamos ni condicionamientos. 

Soy una mujer responsable que sabe cuidarse y cuidar de los suyos. Hace mucho la vida me enseñó a hacerlo, golpe tras golpe. Aunque por momentos me guste depender de otras personas, lo hago por simple gusto. Llámale comodidad.

Me queda claro que en el amor cada quien tiene sus razones, desazones, decepciones y acaso tal vez sus esperanzas.

Yo, mujer gerundio, quiero seguir amando, llorando, riendo, escribiendo, gritando, extrañando.
Disfrutar de la libertad de vivir y amar.

Seguir siendo la mujer que no soy. 
Entera y eternamente Imperfecta.


"Ya no mujer joven sino mujer rotunda. Mis deseos ya no intuiciones sino certezas." Giaconda Belli.

jueves, 4 de octubre de 2018

Otro tipo de otoño

Hace unas semanas visité la tumba de mi padre y de mi madre. Les llevé flores y me quedé ahí, haciendo como que leía la inscripción de la lápida. Queriendo hablar con ellos en mis adentros, sin lograrlo.

Yo no sé ustedes, pero a mí no se me da eso de hablar con los muertos. Más bien, me gusta guardar silencio y concentrarme en el recalcitrante dolor que sigue escondido por ahí, en alguna cavidad del corazón y que me carcome, sobre todo en el otoño. 

Pero déjenme contarles que ese día que fui al cementerio, por la noche soñé a mi madre. En el sueño, el cortejo fúnebre se dirigía al panteón por la subida a Mesa México, yo lo veía desde la plaza mientras trataba de darle alcance, mas no lo logré –otra vez-. Segundos después, me vi caminando entre gente que no conocía, llorando y gritando, ¡mamá, mamá, mamá!

Desperté entonces escuchando mis propios gritos y sintiendo profunda tristeza. Hace un par de días la volví a soñar, pero ese no lo recuerdo. 

El otoño siempre ha sido complicado para mí, desde que me acuerdo me genera mucha melancolía, emociones ambiguas. Ahora que el otoño me ha arrebatado  a dos de las personas que más quería, es distinto. No sólo me siento melancólica, también nostálgica.  Y me da por pensar mucho en ellos dos. Por extrañarlos ante cualquier estímulo: una canción, una foto, comida. Durante el transcurrir del día me ahoga un nudo invisible que aprieta mi garganta. 
El veintisiete de octubre mi madre cumplirá dos años de ausencia eterna. Durante muchos días del año vivo creyendo que ya superé su partida, y más concretamente la forma en que sucedió su muerte y mi no presencia en su sepelio; sin embargo, ahora no estoy tan segura.

¿Cuánto tiempo dura un duelo? ¿Cuánto tiempo se le llora a un muerto? 

Muchos días las letras revolotearon en mi mente queriendo acomodarse y salir. Cada intento fue una contracción brusca y dolorosa. Ahora estoy confundida, no sé si ya me siento mejor; si todavía los deseos de llorar los cargo bulléndome  en el pecho. Si las ganas de reclamarle a la vida la forma que me separó de ellos también están sepultadas. 
Han sido tantos días sin ellos, tantos, tantos, que parecen tan pocos.

Mi padre murió en noviembre, ya casi serán once años. Él es otro cantar, otro boleto, otro dolor,  no obstante, se mezcla con este.

En el otoño en especial, corro detrás de la vida queriendo abrazarla, retenerla un poquito más. Mirando el cielo con desesperación o anhelo, o esperanza, o vayan ustedes a saber qué.

Corro con el corazón contrito. Con la voz en un grito. Corro. Corro. Corro.