sábado, 23 de mayo de 2020

Siempre mayo


En mayo nos conocimos.
También nos dijimos adiós.

Mismo día de la primera vez
que hicimos el amor
siete años después

Bajaste persianas
echaste cerrojo a la puerta
apagaste la luz.

Cerraste tus oídos

al ladrido del perro
al ruido del claxon
al timbre de tu teléfono.

No escuchaste

mis pasos al subir
los golpes de mis nudillos en tu puerta
mi voz al llamarte por tu nombre.

Te quedaste

en silencio
respiración contraída
inmóvil.

Estatua que palpita


"Escupí en versos la imposibilidad; el desencuentro."  Carmen Saavedra



Pintura: Armengol/Artmajeur


La resiliencia en mí



Me dijeron que la resiliencia potencia la felicidad. Que he aprendido a ser resiliente. Quien lo dijo me conoce en el antes y el después -en el ahora- Le creí además, porque yo conocí muy bien a la mujer que me habitó años atrás y me vivo ahora, distinta.
En realidad si, me doy cuenta los cambios que la terapia psicológica ha hecho en mí. Años de constante trabajo, así como el ir aprendiéndole al feminismo. No concibo vivir sin la influencia y guía de esas dos vertientes.

Dentro de la oscuridad de la noche, su pesado silencio y arrolladora calma, se abren ante mí: pensamientos, sensaciones y emociones que poco había reflexionado con anterioridad.  Por que no quería o no podía. En ello va el entendimiento y la importancia de reconocer  la libertad en las relaciones afectivas. De cuán necesario es aceptar que la otra parte elija seguir un camino diferente. Que ya no se me quiera como antes. Del derecho que tiene el otro a buscar su felicidad. La profunda sensación de sanasión que significa soltar a pesar de amar con tal intensidad. De no desgarrarse ni tratarse mal. Por lo contrario, recorrer el camino hacia la resiliencia de forma amorosa, honesta, aceptando los errores cometidos. Es abrazarse al dolor y tristeza, para dar paso a  la paz y tranquilidad. Son lágrimas de reconciliación con la mujer que se fue y se ha dejado atrás de manera definitiva.
Es ofrecer al ser amado una prueba fehaciente e irrefutable de -mi- amor. Ofrenda final. La libertad sin condicionamientos ni golpes bajos.  

Al navegar sobre las crestas de gigantescas olas en un mar enturbiado por emociones que se contraponen, resalta la satisfacción de saberme completa a pesar de las fracturas. En paciente espera de que las aguas se calmen para empezar a resanar las grietas.
Reconozco cómo el interés por aprender a conocer mis emociones, cuestionar y aceptar su origen para poder modificar actitudes y formas de pensar, han rendido frutos.

El amor no tiene por qué doler. Sufrir no es una opción en el amor.

Me costó mucho aprender, pero sin duda voy por el camino correcto y no voy sola. Me acompañan mujeres inteligentes, profesionales, incansables, admirables, amorosas, sororas. Amigas todas.
Disfruto la vida en solitaria. También disfruto la vida en pareja. No estoy peleada con el amor, ni encerrada ni cerrada a él. La vida me irá marcando el camino, yo iré tomando las decisiones.


"Todos somos libres para ir  y venir, para llegar, para quedarnos y para irnos: no podemos obligar a nadie a que nos corresponda solo porque nosotras estamos enamoradas." Coral Herrera 


Imagen: Perla Chacón







jueves, 21 de mayo de 2020

Sueño surrealista



Camino en las calles
iluminadas por la oscuridad
de la noche  sin estrellas
En busca de las sombras
que guardan el eco de tu silencio
De unos brazos que 
se aferren a los míos
con la voracidad de quien ama

Me pierdo

A tientas llego a puerto
El rugido de las olas del mar
me guiaron hasta allí
El canto de las sirenas
surge de la profundidad 
de ese ruido feroz
El ulular del viento del norte
conspicuo y galante
intenta poseerme

Me resisto

Busco tu voz y mirada,
me guía el olfato, la ansiedad
que no me permite estar quieta
El recuerdo de tu sexo inhiesto
acicalándose entre mis veredas

Despierto 

empapada de ganas
de lágrimas y sudor
Son las tres de la mañana
El aullido de un hombre lobo
quiebra el mutismo de mi sueño.


"Tu cuerpo es el paraíso perdido
  del que nunca jamás ningún Dios,
  podrá expulsarme."   Giaconda Belli


Pintura surrealista: Eric Fortune

sábado, 9 de mayo de 2020

El verbo S E R -madre-



 Es

nausea
sueño
sangrado vaginal anticipado
contracciones prematuras
reposo absoluto
respiración incompleta
cuerpo pesado, deforme
lerdo deambular
Hacer evidente la vida sexual
Fenómeno natural.

Insomnio
bostezo constante
llanto nocturno
presencia imperativa
esclavitud láctea
sonambulismo diurno
privacidad abolida
depresión

c
   i
     c
        a
           t
              r
                i
                  z

Completar roles aprendidos
Ancla a puerto sin amor
¿Tabla de salvación?
Desgaste emocional
Indiferencia paternal
Cheque en blanco
a veces sin fondos.

Peso “moral”
sin derecho a devaluarse
Tribunal personal
Culpable aún demostrándose
lo contrario
Batalla sin tregua ni armisticio
Rea sin derecho a fianza
Estoicismo forzoso.

Una
forma
más
de
romantizar
la
desigualdad.


"El modelo de madre que se fomenta exige que las mujeres renuncien a todo o casi todo."    Milagros Romero. 













sábado, 2 de mayo de 2020

El tiempo borró tu nombre



Me gustaría preguntarle al tiempo el por qué de tu regreso. Por qué de tus insistentes letras encendidas en la pantalla de mi teléfono, titilando como estrellas en medio de la oscuridad de un desierto que te desconoce. Es primavera. 
Mi cuerpo suda. Siento las gotas recorrer cuesta abajo mis contornos mientras  te leo. Escucho en tus letras el mismo tono, acento y timbre de voz que cuando te dirigías a mí, los nutridos días de los cortos meses del triste año que permanecimos juntos. Me resisto a rememorar un pasado lastimero. 
Sin embargo y muy a pesar mío, como si mi mente no dependiera de mi voluntad, vuelvo la mirada a los recuerdos que arrinconé en alguna parte de la memoria; y en un abrir y cerrar de ojos la película de los días junto a ti se echó a rodar. 
Ya no somos los mismos. Las circunstancias y la realidad de cada quien terminó de moldearnos. El tiempo cubrió las fisuras. Resanó las heridas. Pintó de colores el dolor. No hay filtraciones ni resquicios. Solo cicatrices. 
Tu continua obstinación me impulsan a tocar las teclas del teléfono para pedirte que te alejes –igual que la vez que te pedí que te quedaras o que volvieras, ya ni sé; el recuerdo no es nítido-. Contrariamente no lo haces, continúas escribiéndome. Por una parte te entiendo. Te sientes a salvo, sin riesgos ni miedo. La tecnología está de tu parte, te sirve de escudo y protección.  
Quiero ignorarte.

Cierro mis oídos al sonido que lleva tu nombre en el timbrar del teléfono. No puedo soslayarlo. Me inquieta. También me paraliza. 
Eres onomatopeya en una tarde silenciosa. Ruido del cristal que se estrella contra el piso. Fuerza del rayo al caer antes de que inicie la tormenta. Sobresalto al despertar. Crepúsculo. Letanía. El ojalá de un deseo caduco.
Quiero que te alejes, que no vuelvas. Que no invadas mi presente. 
Hace tanto que no sabia ni pensaba ni imaginaba nada de ti, que dejé de construir frases para sobrellevar la vida con tu ausencia siempre presente. 
No obstante, debo confesar que hace semanas te tuve en mis sueños de los que desperté confusa, aturdida; tu imagen poco a poco se desvanecía durante el día para aparecer la noche siguiente. No quiero sentir que soy yo quien te llamó a través de ellos y que solo has respondido a una petición velada, absurda, demacrada. Me resisto. La metafísica no va conmigo.

Han pasado tantos años. 

La pantalla sigue encendiéndose. Te leo sin querer leerte. 
¿Por qué ese afán de querer saber de mí? ¿De qué deseas ser indultado?  

Me cansé de escribir de ti. Agoté las reservas de mi alfabeto que deposité en barricas denominadas con tu nombre. Ahí dejé añejar, consumir, evaporar todas las letras que me llevaban al destino común y placentero que fueron tus brazos. En el fondo quedaron asentadas las reminiscencias de la angustia que en su momento me llevó al colapso. En su interior todo se cubrió de moho, en su exterior, de polvo.
Con todo y eso, me es imposible no recordar las noches que te invoqué en silencio, agazapada en la tormenta del despojo afectivo. Desnuda de ti. Amante en orfandad. Condenada y exiliada en mi propia tierra. Sin derecho a la fianza de un adiós digno. Cara a cara.
Algo se revuelve en mis entrañas. Un líquido amargo me sube a la garganta. La nausea me invade. Respiro profundo. 
.
.
.
.
En este momento el teléfono suena, son tus letras –otra vez-. 
Maldita tu insistencia, tu machismo. Tu creencia de que puedes venir a entrometerte otra vez en mi vida, así como si nada. 
Respondo solo para decirte que no me importa tu vida, ni tu cargo, ni nada.  
No estoy para distraer a nadie. Si necesitas de alguien recurre a tu familia y amistades. 
A mí, déjame tranquila. Aquí ya no hay poesía para ti.
.
.
.
.
Tu número se desvanece en la pantalla de mi teléfono.





"y he salido del ataúd que es mi cama sin ti  
 dejando en mi almohada una nota de resurrección."   Elvira Sastre



Imagen tomada de la red.



viernes, 10 de abril de 2020

Epístola a mi Niña Triste



Abril 10, 2020.

Querida y amada Niña: 

Habrás de perdonar mi atrevimiento, he abierto y leído uno de tus diarios, el que tiene un gato en la portada. Uno de tantos que escribiste cuando apenas te asomabas a la adolescencia. Tristemente me doy cuenta lo sola que te sentías y sobre todo, la inmensa necesidad de sentirte amada. No, no te enojes conmigo, no le contaré a nadie lo que ahí he leído.
Déjame decirte por más increíble que pueda parecerte, que ahora eres feliz.  Se que esto puede ser difícil de creer, no es para menos, después de sentirte “tan poca cosa”, tan fea, tan insignificante. Tú, que te comparaste siempre con todas esas niñas y jovencitas bonitas, populares. Tú, que deseaste ser abrazada tanto por papá y mamá.

¿Por qué será que te cuesta recordar tu niñez? ¿Los días con tu padre y madre en el parque? Como lo demuestra la fotografía en blanco y negro que guardaste entre las hojas de este diario. No lo sé.
Hace años que tu vida cambió.  Estamos en pleno siglo XXI, sonríe ahora que te digo que eres una mujer amada. ¿Sabes por quién? Por ti misma, pequeña.
Ya no llores, o bueno, si, llora si quieres, desahógate. Deja que todo eso que te duele fluya como manantial y te purifique. Siente también, cómo mis brazos rodean tu pequeño cuerpo trémulo. No te detengas, llora. Por medio de estas letras estoy para darte consuelo.
¿Sabes otras razones por las que eres feliz? Porque has logrado cumplir tus sueños. Eres médica, atiendes a niñas y niños. Y lo que más gusto te dará, es saber que vives junto al mar. Si, desde la que hoy es tu casa se divisa el Mar de Cortés. Tan azul, tan calmo. Tan tuyo, Niña. Lo visitas, recorres sus playas y te abandonas sobre sus arenas al sol. Eres feliz, ¡créelo! Yo no te mentiría, yo no.  Porque pudieron hacerlo otras personas, hombres que se aprovecharon de tu necesidad de afecto, de tu ingenuidad. Porque es un hecho que conforme fuiste creciendo también el vacío lo hizo hasta invadirte toda y penetró tus células y recorrió tu sangre y durmió sobre tu almohada, bajo las cobijas. En tu alma.  Cambia esa carita, mi Niña.

Ahora es una época complicada, mucha tecnología, mucho individualismo.
Con esto de la pandemia por COVID-19, la población del lugar donde vives y prácticamente del mundo entero, se encuentra confinada en sus casas, bueno, las que pueden. Las que no tienen cómo hacerlo, como por ejemplo las que dependen de un negocio propio como única fuente de ingreso, o como las mujeres que tienen que salir a trabajar para poder mantener a su familia, esas siguen transitando, exponiéndose. Tú, ahora, eres una mujer con muchos privilegios. Con una familia que mantienes segura en el hogar que tanto te costó construir. Con trabajos que te permiten estar ahí, sin muchos riesgo por el momento. Lo valoras, no te inquietes. Eres consciente de la fortuna de poseer todo lo que te cuento. Lo aprecias y lo más importante, lo compartes con aquellas mujeres que necesitan de ti.  Sin embargo, llegará el día en que por tu profesión debas salir a exponerte, arriesgar tu vida por ayudar a las personas que se enfermen por el SARS-CoV2, este nuevo virus  que está matando a tantas y tantas personas alrededor del mundo y nos está dejando una inolvidable lección de vida. No obstante, con todo y miedo, lo harás. 

Tú, Niña querida, ¿o prefieres que te llame por tu nombre? Eres pieza fundamental en tu comunidad. Si, si, una vez más créelo. Desempeñas un trabajo que te apasiona y que sí, te costó años y años de estudio, pero que  lograste concluir muy bien. Porque muy a pesar de lo que tú misma te considerabas, poco brillante, poco capaz, ahora eres una  especialista responsable, dedicada.

¡Cuánto daño te hicieron! Lo sé y te abrazo. Te abrazo fuerte hora, por la deuda de todos aquellos que necesitaste y no tuviste de otras personas ni de ti misma. Te abrazo y te digo que te amo. Te amo porque creciste y fuiste muy valiente –no, no miento-. 

Por último, aunque podría escribirte muchas páginas más, quiero que sepas pequeña y querida mía, que hoy hace un día espléndido, lo veo a través del ventanal de la que es tu habitación, sentada frente a tu escritorio de madera. No te enojes, lo dejaré todo en orden,  como a ti te gusta.  Siempre tan perfeccionista, en eso no cambiaste. 

Sonríe Niña, deja ya de sentirte triste, la vida te ha recompensado con tantas cosas maravillosas.  Las  más importante, ser una mujer amada, segura y valiente.

Recibe un beso.
 

Patricia


Pintura de: Francisca Morales Alliende