lunes, 22 de julio de 2019

Quién llorará mi muerte



Quién, de mi cuerpo inerte
observará el frío e inexpresivo
rostro y sobre mi corazón callado
dejará una orquídea negra.

Quién gritará al cielo que me quede,
que no me vaya todavía
aferrándose fuertemente
a mi mano indiferente.

Cuando por fin la vida y la muerte
se hayan puesto de acuerdo
dejándome una ir
y la otra llevándome consigo:

Quién echará de menos
sus conversaciones conmigo,
el café de la mañana,
los kilómetros corridos.

Quién repetirá la sílabas de mi corto nombre 
aguardando respuesta los días de lluvia, 
calor, viento o frío, simplemente
cuando la nostalgia arremeta.

Quién visitará mis cenizas
esparcidas en la cima de La Virgen, 
en una cueva custodiada por Gigantes
o disueltas en la profundidad de mi Mar.

Quién inscribirá en el aire mi epitafio: Efímera
y recuerde que lo único pasajero en mí
no fue el amor, sino las personas a las que amé.
Siempre viví esperando.

Quien abrigará mi recuerdo en el olvido
  o lo guardará en su memoria 
el día en que yo me muera
Quién...



"No estoy loco y se muy bien que esto no es un sueño. Mañana voy a morir y quisiera aliviar hoy mi alma". Edgar Allan Poe

Imagen tomada de internet

Patricia Valenzuela L.


viernes, 19 de julio de 2019

Círculo de Mujeres que se nutren, crecen y florecen


Les presento a Beatriz, ella nos cuenta quién es y de qué trata su proyecto con Mujeres, aquí, en el municipio de Mulegé.

"Nací del vientre de una mujer soñadora, emprendedora y de apariencia independiente. Un vientre cariñoso en el que se tejieron deseos, sentires y emociones; desde donde las historias resonaban y viajaban al manto acuático que me protegía. Al chocar en él se producía el sonido. 
Ahí viví por nueve meses hasta que un día me sincronicé con quien me dio la vida y entonces, fue que nací un 27 de enero a las 13:00 horas, en el hospital de un pueblito donde hace mucha tierra y viento, pero que en su nombre lleva algo sagrado, Guerrero Negro, B.C.S. Sí que me encanta su nombre.

Partí de mi hogar para emprender unas de las mayores responsabilidades, mi formación educativa en la licenciatura de Psicología. Desconocía las cosas a las que me enfrentaría. Sobre todo me enfrenté conmigo misma, o con la que pensé en ese momento que era Yo. Qué lío eso de volverte a conocer, aceptarte y desvestirte de los "detallitos" que se fueron adheriendo a tu persona. No diré impone la sociedad, la religión o la familia, o que éstas ya estaban inconscientemente desde antes de mi nacimiento, a estas alturas es por demás andar con culpas. Es mejor ser responsables de nuestra propia conciencia y soltar la historia "culposa" de nuestra falsa identidad. O más bien, la falsa identidad que se genera gracias a la culpa.

Llevo 11 años trabajando en mi formación, desde la manera más libre y salvaje. Eso se logra desde dentro, desde la intuición, desde el creer en el poder de una. Y es que en gran medida, todo lo que soy, lo que tengo y lo que no tengo, me lo ha dictado la intuición. La fidelidad que tengo para conmigo, nace de esa voz con la que habla el alma.

Mi formación no solo ha sido académica, es también trascendencia espiritual. Es mi libertad, creatividad y resonancia. Ser el viento y ser el mar. Seguir conociéndome y hacerme sabedora de mi propio poder.
De niña crecí con una frase que mi padre y madre me decían constantemente: “eres libre para volar”. Agradezco su frase motivadora aunque en su momento no entendí del todo. Incluso ignoraba a qué libertad se referían.

Ahora desde la responsabilidad de ser una Mujer, elijo los cielos que quiero para mí. Aún me estoy cocinando, esta vez desde mi propio caldero. Desde el pulso de mi energía femenina. Soy Mujer y mi nombre es Beatriz Beltrán Correa, soy la Hija, la Hermana, la Madre, la Amiga. Soy curandera, consejera, cocinera, tejedora y danzante; soy todo lo que deseo ser. Me gusta creer que mi poder no tiene límites, solo requiero de voluntad e intención. Me siento contenta con las herramientas que he ido tomando. La Psicología y Yoga -el cuerpo, la mente y espíritu- son las profesiones que me han elegido y yo a su vez, a ellas. Puedo decir entonces, que me han llevado al camino de mi resurgir o sanación, o como ustedes le quieran llamar.

“Mujeres que Nutren, Crecen y Florecen” surge de mi entrañas. Del dolor y la rabia que me sacude al ver y saber que las Mujeres estamos condicionadas a tolerar, aceptar y vivir la violencia. De ver a una Mujer sin energía, somatizando, deprimida y luchando diariamente con sus emociones y sus ganas de mandar todo a la fregada, sin atreverse porque no tiene una red de apoyo; o tiene que aguantar “porque esa es la vida que le toco vivir”. La formas de violencia son múltiples y estas fueron las historias diarias con las que estuve trabajando durante tres años en un instituto dedicado al mejoramiento de las Mujeres en situaciones violencia. Surge porque creo en las Mujeres, en el poder que tenemos, y si juntamos nuestra intención de sanarnos nosotras mismas, brotarán flores.

¿Saben? a eso le teme el sistema que mueve al mundo. Le teme a nuestro pulso, a la contracción que surge de nuestro útero. A la suavidad de nuestro cuerpo mezclado al salvajismo con el que tejemos nuestros anhelos. Le teme a las Mujeres libres y pensadoras. Si de una cosa estoy segura, es que no quiero que mi hija sea una esclava más. Yo también la quiero libre para que elija sus propios cielos. Por mi madre, por mi hija y por mí. Mi madre es el reflejo de mis antepasadas, yo soy el presente, mi hija el futuro. En su futuro deseo dejar la semilla armonizada con sus ciclos. Todo es un ciclo y nosotras no somos la excepción. No debemos sentirnos mal por nuestros cambios temperamentales.

Deseo que como Mujeres reestructuremos el sentido de quiénes somos. Por medio de estos círculos vayamos aprendiendo que la Mujer que está frente a mí soy yo misma pero con diferentes características e historias. Círculos donde movamos nuestra energía femenina, guiadas por la intuición y la creatividad. Donde nos hablemos y miremos a los ojos al mismo tiempo en que nos sentimos. Escuchar las historias de ellas, las que son iguales a mí y nos conjuguemos en un abrazo de hermanas. Nosotras somos las curanderas. Tenemos en nuestros brazos la pócima para hacernos sentir alivio, paz. 

Por eso “Mujer que Nutre, Crece y Florece” está hecho para nuestro despertar. A través del yoga y la meditación damos un viaje y reconocemos lo que nuestro útero es.
“Mujeres que Nutren, Crecen y Florecen”, ha sido creado para Mujeres. Ahí podemos dejar lo que no nos pertenece y hacernos responsables de lo que sí podemos cambiar. En este espacio se genera el respeto, sin jerarquías.

Estamos representadas por un círculo y este representa el cielo, la Luna , a la Diosa. Este círculo es un lugar donde se unen nuestras más puras intensiones, sentires, pensamientos y acciones, en la más completa libertad. Ser un solo sentir, un latido siempre palpitante. Un latido que ha sido poco reconocido. Aquí cada una descubre sus propios misterios, todos bellos. No obstante, para avanzar en este auto descubrimiento, necesitamos además de comprender, también honrar nuestra propia origen, naturaleza y reconocernos en ella.

“Mujeres que Nutren, Crecen y Florecen”, está hecho para ti, porque todas en algún momento nos hemos cansado de ser el contenedor social. Súmate y se parte de este círculo. Puedes hacerlo en tu casa, con tus hijas, vecinas, seamos nuestra propia red de apoyo, es tiempo de respetarnos y cuidarnos entre nosotras mismas.

Por último, regresé hace cinco años a la tierra salada que me vio nacer y desde entonces, he vuelto a ser despeinada por sus vientos y he escuchado su ulular todas las noches."

Gracias a Beatriz, muchas Mujeres encuentran un espacio dónde sentirse abrazadas, comprendidas, valoradas.
Sororidad, meditación y yoga, son tres herramientas fundamentales en este proyecto donde todas somos diferentes y a la vez una misma.

Patricia Valenzuela

jueves, 11 de julio de 2019

Sororidad: acto que salva




Ahora estoy aquí sentada tratando de escribir. Me cuesta tragar saliva, retener las lágrimas. No sé si de rabia o tristeza, dolor o impotencia.  Con la maldita opresión en el pecho que apenas me deja respirar. 
Hoy fue #DanielaRamirez, pero hace tiempo fue Mara y muchas otras mujeres las que han sido encontradas desnudas y mutiladas. Enterradas. Abandonadas en parajes como si fuesen un producto desechable. 
Maldita sea. No basta con golpear la mesa ni la pared. Todas mis emociones están contenidas, no pueden escapar de este cuerpo al que asfixian. Es claro que me sobrepasan. No fue suficiente correr todos esos kilómetros muy temprano. No, no lo fue.

Me considero feminista, leo sobre el tema y busco leer a todas esas mujeres expertas porque quiero aprender, quiero poder debatir con argumentos sólidos  y bien fundamentados. Quiero ayudar a construir un mejor país. Trabajo en mi reconstrucción como mujer. En mi acercamiento con otras mujeres de la comunidad. 
Busco relacionarme con feministas por todos los medios posibles, estrechar lazos de amistad aunque sea de manera virtual a través de las redes sociales.
Busco sentirme acompañada por ellas, porque este camino es árido y difícil. 
En ocasiones desespero, siento que no avanzo, que la información me rebasa, que otras actividades consumen mi tiempo y no leo todo lo que quisiera. 

Ha sido una mañana difícil. Leer la nota sobre un feminicidio más, es sentir como si esto se tratara de la ruleta rusa, que en cualquier momento pueden ser mis hijas las víctimas.
Pienso en el dolor de las madres de esas jóvenes y me quiebro. 
Pienso en la víctima, en su horas de horror y sufrimiento. En cómo un día salió de su casa para dirigirse a la escuela, trabajo, fiesta, sin imaginar siquiera que  sería parte de ésta mortal y aterradora estadística que consume a las mujeres en nuestro país y cuyo móvil, es el machismo y misoginia ancestral. Bajo la mirada impasible de un Gobierno patriarcal incapaz de crear estrategias que nos brinden la seguridad a la que tenemos derecho. Gobierno inepto y corrupto. Cómplice. 

Todo esto  no tiene sentido. Es peor que una pesadilla.

Y por si eso no fuese suficiente, leo en las redes no solo a hombres, a muchas mujeres burlándose del cuerpo de otra mujer, de la forma en que visten, de su peso corporal. Y quienes lo hacen, en otro momento se manifiestan sororas. Increíble. Qué farsa. Qué hipocresía. 
Lo creo de ellos, los hombres. No se cansan de denostar a cuanta mujer se les antoja. De burlarse del lenguaje inclusivo. Se creen seres perfectos y superiores. Pero de mujer a mujer; me enoja, me encoleriza. 
¿De verdad no se dan cuenta lo que pasa en México con nosotras?, ¿les divierte tanto los comentarios e imágenes que suben a las redes ridiculizando a otra mujer? No encuentro justificación para esas acciones. 
Deberíamos estar gritando, exigiendo en las calles, en las redes sociales, nuestro derecho a transitar libres y sin miedo. A vestirnos como se nos plazca. 
Deberíamos callar al macho cuando habla mal de otra mujer frente a nosotras. Enfrentarlos cuando acosa a nuestra compañera de clase o de trabajo. 
Deberíamos hacer muchas cosas juntas y unidas, menos atacarnos. Porque para eso están ellos, los machos-misóginos, pululando en las calles, taxis, oficinas, hospitales, parques, restaurantes, cines, playas. En todo lugar. Acechándonos.
Deberíamos mujeres, cuidarnos y protegernos.  

Hoy me siento cansada, enojada, asqueada, harta de toda esta mierda que las redes sociales exhiben contra la mujer. 

Sin embargo, como luz al final del túnel las veo a ellas, a esas otras feministas. Sé que ellas me entienden, porque se han sentido igual en otros momentos, tal vez ahora mismo. Porque tengo la certeza de que me abrazan en la distancia y todas nos acompañamos y lloramos y también reímos. 

Ellas me hacen fuerte. Gracias. 


"Si el estado tuviera perspectiva de género, si fuera entonces más democrático, no habría tolerancia social a la violencia hacia las mujeres y por lo tanto al feminicidio". (Marcela Lagarde)




Por: Patricia Valenzuela L.


miércoles, 3 de julio de 2019

La memoria de Consuelo y El Boleo


     En la historia las mujeres han sido muchas veces relegadas, la humanidad no ha sido justa y algunas han tenido que vivir al margen, a la sombra del apellido de un hombre, robándoles así una parte de su identidad. En la historia de nuestro pueblo esto no ha sido la excepción. 
Es la segunda ocasión que comento un libro que tiene que ver con Santa Rosalía y cuya protagonista es una mujer. Me resulta gratamente fascinante y sorprendente, porque estos textos han tocado fibras muy íntimas en mí. Estos textos además, dan muestra de la valentía, coraje e influencia que tuvieron estas mujeres en las vidas de sus compañeros, los rostros de la historia. Sin embargo, sin la presencia de ellas, esas historias no serían las que ahora se conocen. Puedo asegurar que esos hombres no formarían ahora parte de la historia de nuestro pueblo a no ser por estas mujeres. 
Así como hace unas semanas conocimos a Hélene André a través de sus cartas (http://tintanegrasr.blogspot.com/2019/05/una-mirada-de-mujer-helene-escalle.html) hoy es el momento de Consuelo; ambas, mujeres que el siglo XIX nos regaló. 
Un año antes de la muerte de la primera, otra luz se encendía para perpetuar y hacer brillar el camino de las mujeres en la historia de Santa Rosalía. 

María Consuelo Corona Encinas nació en Santa Rosalía el dos de diciembre, en la agonía del siglo XIX. De padre y madre de nacionalidad mexicana, se crió aquí mismo, bajo un sol agobiante, sobre áridos suelos. Tuvo una niñez tranquila, sin acontecimientos que la perturbaran sobremanera. Su familia vivió cómodamente ya que su padre se dedicó con bonanza al comercio. 
En 1934  Consuelo contrajo nupcias con un francés que había llegado en 1919 a estas tierras, para trabajar en El Boleo y tiempo después dadas sus aptitudes, fue nombrado Director de la compañía. Fue así como Consuelo se convirtió en la primera mexicana en casarse con un francés.
Sin lugar a dudas, eso le hizo menos difícil la vida a Consuelo, no obstante, a sus treinta y cuatro años su carácter estaba forjado. Deduzco entonces, que su inteligencia y madurez fue de lo que Augusto se enamoró para siempre.


Los textos contenidos en el libro "El Boleo en los diarios de Consuelo Corona de Nopper", que fueron transcritos por Gamaliel Valle Hamburgo de los cuadernos originales de Consuelo -su tía abuela-,   nos abren la puerta a la vida cotidiana de Santa Rosalía, en especial a la etapa final a manos de los franceses. Permiten a la imaginación viajar en el tiempo y ubicarnos perfectamente en cada lugar que Consuelo describe de manera simple y sencilla. Esas páginas dejan ver también el amor que le tuvo a su pueblo y a su gente. Así, Consuelo a través de la lectura nos toma de la mano para que atravesemos con ella el umbral del misterio, como le llamó al poder cabalgar a caballo y conocer los distintos ranchos y serranías, a la par que se dejó alumbrar por los rayos del sol, sobre parajes espectaculares.
Consuelo Corona atestiguó cómo los barcos alemanes se anclaron frente al rompe olas después de descargar el material que traían, así, uno tras otro. "La Guerra Mundial estaba en marcha", escribiría después en las hojas de sus memorias.
Cuenta de su experiencia al conocer al representante del emperador chino que vino a Santa Rosalía y lo que le impresionó su elegante túnica color azul, con un dragón bordado y un collar de piedras rojas.
Escribió del aire de fiesta que se vivía cada sábado de raya, cuando los trabajadores de las minas y sus familias freían chorizos, hacían tamales, menudo y tortillas de harina y por supuesto bebían mezcal.
De su experiencia en el desastre natural de mil novecientos treinta y nueve, cuando las lluvias causaron grandes daños y su impotencia por no poder ayudar más de lo que deseaba.
Cuestionó a los accionistas franceses por no venir; pensó que era el deber que tenían, estar aquí y ser testigos de la admirable obra que juntos, franceses y mexicanos realizaban en esta región tan lejana y hostil. Sin embargo, soy de la opinión que todas las personas que conocemos de la historia de El Boleo, somos conscientes de la desigualdad de condiciones que imperó entre éstos. Sobre todo entre los mineros mexicanos, chinos y yaquis. ¿Pero quién querría venir a éstas tierras? Se preguntó Consuelo. Fue para ellos más sencillo disfrutar a la distancia, entre el lujo y la opulencia, de las ganancias de tan duro trabajo, escribió en su diario.
Preocupada por el futuro de su querido pueblo una vez terminados los trabajo de El Boleo, pidió a uno de los funcionarios mexicanos que lo visitaron, hiciera todo lo necesario para que Santa Rosalía no terminara. Visionaria además, sabía que su pueblo guardaba un gran potencial y no dudaba en que podía llegar a convertirse en un centro turístico importante -visión que en la actualidad a muchas personas y gobiernos les ha faltado-.

Desafortunadamente las circunstancias la llevaron lejos de aquí, a mediados de mil novecientos cincuenta y cuatro, tenía 46 años, Consuelo se despidió no sin gran dolor, de su tierra.
Fue quizás uno de los momentos más tristes de su vida.


Este libro guarda las memorias de una mujer amante de la fotografía y los perros, fiel a su gente, la cual nunca dejó de añorar y preocuparse por ella.
Es sin duda una lectura que debemos darnos el tiempo de hacer. Conocer la historia escrita por una mujer que vivió intensamente y que murió lejos del lugar que la vio nacer sintiendo el mismo e intenso amor por él.



Lectura sugerida: "El Boleo en los diarios de Consuelo Corona de Nopper" (De: Gamaliel Valle Hamburgo y Catalina Balbuena Escobar, compiladores)

Fotografías cortesía de: Gamaliel Valle Hamburgo.