martes, 17 de julio de 2018

El fomento a la lectura en el municipio de Mulegé




Tocar el tema del fomento a la lectura no deja de generarme sentimientos encontrados.

Ser promotora cultural independiente y compartir con muchas personas el amor por los libros y por otro lado, mediar entre las que apenas se inician y estos, son actividades maravillosas que hago sólo por amor al arte. Porque deben saberlo, no hay pago monetario alguno, sólo el placer que genera ver a otras personas disfrutar tanto como yo de los libros y su lectura.

El municipio de Mulegé es el segundo más extenso de México después de Ensenada, en Baja California. Pese a esto, es el de menor densidad poblacional por kilómetro cuadrado. Esto significa que trasladarse de una comunidad a otra, como todos sabemos y aunque estemos acostumbrados, no es nada sencillo. Estamos tan alejados de la “civilización” - si hasta se le suma le  la centralización de los recursos que incluye por supuesto el rubro de cultura- que el fomento a la lectura es más que indispensable para el desarrollo humano de un sector del país con poca accesibilidad a espacios culturales. Aunada la cuestión de la distancia al centralismo, añadámosle por si no fuera suficiente, un gobierno –me referiré estrictamente al municipal- apático, que ha hecho caso omiso a las necesidades y sobre todo a la importancia del fomento a la lectura en todo la extensión del municipio.

Desde el 2012, año en que me inicié –sin estar consciente de ello- como promotora de lectura, he visto poco interés de parte de las autoridades y de los encargados de la “cultura”, para generar actividades de fomento a la lectura donde se involucren a personas de todas las edades. No sólo no se ha hecho en Santa Rosalía, tampoco en ninguna otra comunidad cercana o lejana a esta cabecera municipal. Y bueno, esto me enoja y me indigna.

Muchas personas desconocen el grande y maravilloso acervo literario que existe en ese enorme elefante blanco en el que se ha convertido nuestra biblioteca Mahatma Gandhi. Hace casi tres años, llegaron muchos libros del acervo bibliográfico para las bibliotecas de México (Leer México), títulos que cualquiera que conozca de literatura desearía tener en su casa. Pese a esto y mientras mucha de la juventud y niñez carece de recursos para comprar libros, en la biblioteca son poco aprovechados por falta de iniciativas que inviten a la población a visitarla, a conocer su tesoro literario y a hacer uso de él. Sin tomar en cuenta que el Día Nacional y el Internacional del Libro, el Día Mundial de la Poesía; por mencionar algunas fechas, son ignorados. No hay celebraciones, actividades ni menciones. Me pregunto entonces: ¿quién o quiénes son los que están -y han estado- al frente? ¿Cuál es el concepto que tienen –y han tenido- de encargarse de tan importante puesto? Y las  y los bibliotecarios, ¿saben en realidad cómo ejercer con eficacia tan relevante labor? ¿O es sólo que están allí para ver llegar la anhelada jubilación o como premio a un compromiso de campaña?



Otro asunto no menos importante, es el abandono en el que se encuentra desde hace –también- casi tres años, el Paralibros situado en la plaza Benito Juárez, justo frente a palacio municipal, aquí en nuestra localidad.
Cada vez que paso por la plaza y lo veo abandonado a su suerte, con los libros descoloridos como consecuencia de los rayos del sol, siento un vacío en la panza.

El objetivo del programa Paralibros que (para los que no están familiarizados con el tema) se inició si mal no recuerdo en 2011, es fomentar la lectura en los espacios públicos y a través de mediadores de lectura, los usuarios tuvieran acceso a diversas actividades culturales como cuentacuentos, sesiones de lectura en voz alta, etc. A pesar de ello, de ser el Paralibros algo así como un escalón que lleve al lector primerizo o avanzado a la necesidad de querer leer otros títulos y termine siendo usuario frecuente de la biblioteca, el módulo lleva mucho tiempo sin nadie que lo atienda.
Hubo un tiempo en que los sábados por la mañana el Club de Lectura Infantil le dio vida y es verdad que una persona de la biblioteca colaboraba, mas terminando el ciclo del Club ya no se hizo nada más. Qué decir de las presentaciones literarias, Noches de Lectura y talleres con escritores que la sociedad organizada a través del Club de Lectura llevó a cabo, con el escaso o nulo apoyo de las autoridades.


A eso me refiero cuando escribo que el tema me genera sentimientos encontrados. Es decir, se muy bien –porque soy parte de ella- que como sociedad podemos hacer estas actividades sin necesidad de las autoridades. Somos tan capaces, ¿saben por qué? porque al hacerlo nos sentimos felices, porque nos apasiona y nos motiva; porque nos agrupamos y vinculamos con otros y otras que tienen el mismo interés y tejemos redes. Sin embargo, por otro lado, me recuerdo que es uno de tantos deberes y obligaciones que las autoridades tienen con la ciudadanía, el satisfacer las necesidades culturales y esto incluye el fomento a la lectura.

Me considero de las personas que creen de manera fehaciente, que no es bueno tener un gobierno paternalista, ni tampoco es bueno ser un pueblo que sólo extienda la mano para pedir sin proponer ni participar. Por eso como miembro de un grupo de la sociedad que se ha organizado, hicimos propuestas de actividades de fomento a la lectura para todo el municipio, a la presidenta municipal –mediante una entrevista con ella, al inicio de la administración-. Nos ofrecimos a trabajar en conjunto.

Pero… ni las propuestas ni los deseos de colaborar tuvieron eco.

A pesar de eso ni yo, ni las promotoras y promotores de lectura, ni los maestros que lo hacen en sus escuelas y que vivimos a lo largo y ancho del municipio, hemos claudicado en nuestro deseo de seguir haciendo lo que nos gusta en nuestro tiempo libre. Porque además somos parte de la ciudadanía que trabaja, algunas de las personas son empresarios, otras servidoras públicas, otras nos desempeñamos en el campo de la salud. Pagamos impuestos, cumplimos con nuestras familias y no sólo nos damos, sino que buscamos el tiempo para aportar algo más, un extra.

Todos los días pienso que México nos necesita, necesita a mucha gente extraordinaria. Que exijamos que nuestros derechos se garanticen y cumplan, si, no obstante, que también aportemos ideas y trabajo.

Siempre que tengo oportunidad lo digo, ahora lo escribo; la lectura no es la panacea para cambiar al país, en cambio, si es el medio para generar la conciencia del cambio. De un México corrupto a uno honesto, cambiar a un México más igualitario, sin fuga de talentos, sin muertes en el desierto o ahogados en el Río Colorado. Sin feminicidios.

Un cambio por un México libre del yugo de políticos que sólo nos pisotean sin que nos indignemos ni rebelemos.


“Quien piense que es más importante comer que leer está aceptando una degradación del ser humano.” Alberto Manguel.

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