martes, 9 de octubre de 2018

La mujer que no soy


Dices que es difícil hablar conmigo, cuando sólo soy una mujer pensante que debate y cuestiona.
Que no sea "tan" feminista, cuando apenas estoy adentrándome en el tema. Cuando no soy ni la quinta parte de lo que quisiera poder ser.
Que no llore ni extrañe, que es de cobardes hacerlo; cuando para mí son actos de liberación y amor.
Que soy efímera, cuando permanezco a tu la lado por voluntad propia.
Dices que soy amante, como si por eso tuviera que sentirme avergonzada. Si supieras que he sido, soy y lo seguiré siendo. Nadie me obliga, es un placer libremente elegido.
Que grito,  sin embargo; no has  logrado entender que es sólo el énfasis que le doy a mis palabras; impotencia y desesperación que brotan incontrolables de mi boca para hacerme escuchar y entender por ti. No, no soy una loca.
Que no escriba; cómo, si de eso depende mi equilibrio. Las letras son el cauce por el cual desfogo mis emociones, frustraciones y anhelos.
Dices que me odias y que no me aguantas; para esto no tengo palabras.

Definitivamente no soy mejor que nadie. Lo que si es cierto, es que estoy en el camino del aprendizaje. Aprender a identificar y encausar mis emociones de la manera más adecuada, menos nociva. Buscarme y lograr encontrarme y reconocerme. Estoy en eso.

En ese camino he decidido que quiero seguir siendo la mujer que piensa, que rebate, que no se calla. La que llora y extraña, en fin, una cobarde.
La amante que a pesar de sentirse efímera no se rinde, todo lo contrario. Sigo buscando motivos y argumentos para preservar el amor que se me ofrece y al cual correspondo. Que presiento o siento. Hasta que la sensatez diga ya basta.

Quiero seguir hablando con pasión aunque para eso tenga que elevar el tono de mi voz.
Escribir sin reservas, sin temor a ser enjuiciada por las personas que me conocen y saben lo que siento y como lo siento y expreso.
No todo es personal.
Deseo seguir haciendo cambios en mí para generar cambios en otros, en mis más cercanos –si lo quieren y aceptan-.

Soy la mujer que no quiere ni acepta seguir deteniéndose a dar explicaciones. A conciliar nimiedades, ni absurdos. A continuar defendiéndome –irónicamente- de los embates  -conscientes o inconscientes- que las personas que más quiero a veces me propinan.

No quiero -ni acepto- seguir pidiendo ni esperando lo que no se me está dispuesto a dar sin reclamos ni condicionamientos. 

Soy una mujer responsable que sabe cuidarse y cuidar de los suyos. Hace mucho la vida me enseñó a hacerlo, golpe tras golpe. Aunque por momentos me guste depender de otras personas, lo hago por simple gusto. Llámale comodidad.

Me queda claro que en el amor cada quien tiene sus razones, desazones, decepciones y acaso tal vez sus esperanzas.

Yo, mujer gerundio, quiero seguir amando, llorando, riendo, escribiendo, gritando, extrañando.
Disfrutar de la libertad de vivir y amar.

Seguir siendo la mujer que no soy. 
Entera y eternamente Imperfecta.


"Ya no mujer joven sino mujer rotunda. Mis deseos ya no intuiciones sino certezas." Giaconda Belli.

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